Login |  Register

 [ 175 posts ] 

Fri Jan 07, 2011 6:48 pm

 
Online
Community Manager
User avatar
Joined: Sat Jul 24, 2004 6:24 pm
Posts: 66762
Location: San Isidro

Por falta de tiempo quede atrazado en subir los articulos, que de todas maneras se pueden leer en el blog original (los transcribia aca para tenerlos a mano en forma de archivo, por si uno usa el buscador sobre alguna determinada tematica y daria la posibilidad de encontrar la perspectiva austriaca de la misma).

Tambien surgio pagina en facebook para complementar el blog:
http://www.facebook.com/misesdailyespanol


PD: si me encuentro un tiempito, no descarto poner al dia mas adelante el topic-biblioteca de mises español :D



Top Top
  Profile  WWW 

Tue Aug 10, 2010 1:18 am

 
Online
Community Manager
User avatar
Joined: Sat Jul 24, 2004 6:24 pm
Posts: 66762
Location: San Isidro

La interpretación popular de la “Revolución Industrial”

Por Ludwig von Mises (Publicado el 6 de agosto de 2010)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/4604.

[Este artículo está extraído del capítulo 21 de La acción humana]

Se afirma generalmente que la historia del industrialismo moderno y especialmente la historia de la “Revolución Industrial” británica ofrece una verificación empírica de la doctrina “realista” o “institucional” y explota completamente el dogmatismo “abstracto” de los economistas. [1]

Los economistas niegan de plano que la legislación laboral de sindicatos y gobierno hayan beneficiado de forma duradera a toda la clase asalariada y aumentado su nivel de vida. Pero los hechos, dicen los antieconomistas, han refutado estas falacias. Los estadistas y legisladores que aplicaron las leyes laborales mostraron u mejor conocimiento de la realidad que los economistas. Mientras que la filosofía del laissez faire, sino pena ni compasión, enseñaba que los sufrimientos de las masas obreras era inevitable, el sentido común de los ciudadanos medios conseguía sofocar los peores excesos de las empresas con ánimo de lucro. La mejora en las condiciones de los trabajadores es totalmente un logro de gobernantes y sindicatos.

Ésas son las ideas que permean la mayoría de los estudios históricos que se ocupan de la evolución del industrialismo moderno. Los autores empiezan dibujando una imagen idílica de las condiciones que prevalecían en vísperas de la “Revolución Industrial”. En ese momento, nos dicen, las cosas eran en general satisfactorias. Los campesinos eran felices. También lo eran los trabajadores industriales bajo el sistema doméstico. Trabajaban en sus propias casas y disfrutaban de cierta independencia económica, pues poseían un jardín y sus herramientas. Pero luego “la Revolución Industrial cayó como una plaga o una guerra” sobre esta gente.[ii] El sistema de fábricas redujo al trabajador libre a una práctica esclavitud, rebajó su nivel de vida hasta el de la mera subsistencia, al introducir mujeres y niños en las fábricas destruyó la vida familiar y minó los propios cimientos de la sociedad, la moralidad y la salud pública, Una pequeña minoría de explotadores sin escrúpulos había conseguido con éxito imponer su yugo sobre la inmensa mayoría.

La verdad es que las condiciones económicas eran altamente insatisfactorias en vísperas de la Revolución Industrial. El sistema social tradicional no era lo suficientemente elástico como para proveer las necesidades de una población que aumentaba rápidamente. Ni las granjas ni los gremios necesitaban los brazos adicionales. Los negocios estaban imbuidos del heredado espíritu del privilegio y el monopolio exclusivo: sus bases institucionales eran las licencias y el otorgamiento de una patente de monopolio, su filosofía la restricción y la prohibición de la competencia tanto interior como exterior. Crecía rápidamente el número de gente a la que no le quedaba espacio en el rígido sistema del paternalismo y la tutela del gobierno en los negocios. Eran prácticamente parias. La apática mayoría de esta gente paupérrima vivía de las migajas que caían de las mesas de las castas establecidas. En la temporada de cosecha ganaban una pobre cantidad. Miles de los más vigorosos jóvenes de estos estratos se enrolaban al servicio del Ejército o la Armada Real, mucho de los cuales morían o quedaban lisiados en acción, muchos más perecieron de forma poco gloriosa por la dureza de la bárbara disciplina, por enfermedades tropicales o por sífilis.[iii] Otros miles, los más audaces e indómitos de su clase, infestaron el país como vagabundos, pedigüeños, estafadores, ladrones y prostitutas. Las autoridades no sabían cómo ocuparse de estos individuos, salvo las casas de pobres y las casas de trabajo. El apoyo que dio el gobierno al resentimiento popular contra la introducción de nuevas invenciones y dispositivos que ahorraban trabajo hacía que las cosas resultaran bastante desesperadas.

El sistema de fábricas desarrolló una continua lucha contra innumerables obstáculos. Tenía que luchar contra el prejuicio popular, las antiguas costumbres establecidas, las normas y regulación legales a cumplir, la animosidad de las autoridades, los interese creados de los grupos privilegiados, la envidia de los gremios. El equipo de capital para las empresas era insuficiente, la provisión de crédito extremadamente difícil y costosa. Faltaba experiencia tecnológica y comercial. La mayoría de los propietarios de fábricas fracasaban; comparativamente, pocos tuvieron éxito. Los beneficios fueron a veces considerables, pero también lo fueron las pérdidas. Tomó muchas décadas hasta que la práctica común de reinvertir la mayor parte de las ganancias obtenidas acumuló el capital suficiente para gestionar los negocios a una escala mayor.

El que estas fábricas pudieran prosperar a pesar de todas estas dificultades se debió a dos razones.

1.
En primer lugar estaban las enseñanzas de la nueva filosofía social expuestas por los economistas. Éstos demolían el prestigio del mercantilismo, el paternalismo y el restriccionismo. Acabaron con la creencia supersticiosa de que los dispositivos y procesos que ahorraban trabajo causaran desempleo y redujeran a toda la gente a la pobreza y la decadencia. Los economistas del laissez faire fueron los pioneros de los logros tecnológicos sin precedentes de los últimos 200 años.
2. Hubo otro factor que debilitó la oposición a las innovaciones. Las fábricas libraron a las autoridades y a la aristocracia terrateniente de un embarazoso problema que se había hecho demasiado grande para ellas. Ofrecieron sustento para las masas de pobres. Vaciaron las casas de pobres, las casas de trabajo y las prisiones. Convirtieron a mendigos muertos de hambre en gente que se ganaba por sí misma su pan.

Los propietarios de fábricas no tenían el poder de obligar a nadie a aceptar un empleo fabril. Sólo podían contratar a gente que estuviera dispuesta a trabajar por los salarios que les ofrecían. Por muy bajos que fueran éstos, eran sin embargo mucho más de lo que estos pobres podían ganar en cualquier otro campo que tuvieran abierto. Es una distorsión de los hechos decir que las fábricas se llevaron a las esposas de las habitaciones de los niños y las cocinas y a los niños de sus juegos. Esas mujeres no tenían nada que cocinar ni con qué alimentar a sus hijos. Esos niños eran indigentes y estaban hambrientos. Su única oportunidad era la fábrica. Les salvaba de morir de hambre, en el sentido estricto del término.

Es deplorable que existieran esas condiciones. Pero si alguien quiere echar la culpa a los responsables, no debe echársela a los propietarios de las fábricas, quienes (impulsados por el beneficio propio, no por “altruismo”, por supuesto) hicieron todo lo que pudieron para erradicar los males. Lo que había causado esos males era el orden económico de la era precapitalista, el orden de los “buenos viejos tiempos”.

En las primeras décadas de la Revolución Industrial, el nivel de vida de los trabajadores de las fábricas era horriblemente malo en comparación con las condiciones contemporáneas de las clases superiores y con las condiciones actuales de las masas industriales. Los horarios laborales eran largos, las condiciones sanitarias en los talleres, deplorables. La capacidad del individuo de trabajar se agotaba rápidamente. Pero permanece el hecho de que para el excedente de población el movimiento cerrado les había reducido a la extrema pobreza y para ellos no había literalmente espacio en el marco del sistema de producción prevalente, por lo que el trabajo en las fábricas era su salvación. Esa gente entraba en tropel en las fábricas por la simple razón de que tenían que mejorar sus condiciones de vida.

La ideología del laissez faire y su retoño, la “Revolución Industrial” derribaron las barreras ideológicas e institucionales al progreso y el bienestar. Demolieron el orden social en el que un número cada vez mayor de personas estaban condenadas a una necesidad e indigencia abyectas. Los procesos de comercia de las épocas anteriores habían atendido casi exclusivamente a las deseos de la gente acomodada. Su expansión se veía limitada por la cantidad de lujos que lo estratos más ricos de la población podían permitirse. Quienes no produjeran productos primarios sólo podían ganarse la vida si las clases altas estaban dispuestas a emplear su habilidad y servicios. Pero ahora entraba en juego un principio distinto. El sistema de fábricas inauguraba un nuevo modo de mercadotecnia, así como de producción. Su característica esencial era que las manufacturas no estaban diseñadas sólo para el consumo de unos pocos ricos, sino para el de quienes hasta entonces no habían desempeñado ningún papel relevante como consumidores. Cosas baratas para la mayoría era el objetivo del sistema de fábricas.

La fábrica clásica de los primeros tiempos de la Revolución Industrial era la fábrica de algodón. Ahora bien, los productos de algodón no resultaban ser algo que reclamaran los ricos. Esa gente adinerada usaba seda, lino y batista. Siempre que la fábrica con sus métodos de producción en masa por medio de máquinas de vapor se introducía en una nueva rama productiva, empezaba con la producción de bienes baratos para las grandes masas. Las fábricas se dedicaban a la producción de productos más refinados y caros sólo en una etapa posterior, cuando la mejora sin precedentes en el nivel de vida de las masas había hecho rentable aplicar también los métodos de producción masiva a esos mejores artículos. Así, por ejemplo, el zapato hecho en fábricas fue durante muchos años sólo comprado por los “proletarios”, mientras que los consumidores más ricos continuaban acudiendo a los zapateros a medida. Los talleres oscuros de los que tantos e habla no producían ropas para los ricos, sino para gente modesta. Las mujeres y los hombres elegantes preferían y siguen prefiriendo vestidos y trajes hechos a medida.

El hecho extraordinario de la Revolución Industrial es que abrió una época de producción masiva para las necesidades de las masas. Los asalariados ya no eran gente que trabajaba duramente para el bienestar de otra gente. Ellos mismos eran los principales consumidores de los productos que salían de las fábricas. Las grandes empresas dependen del consumo masivo. En los Estados Unidos de hoy, no hay ninguna rama de grandes negocios que no atienda las necesidades de las masas. El mismo principio del emprendimiento capitalista es proveer al hombre corriente. En su capacidad como consumidor, el hombre corriente es el soberano cuya compra o abstención de compra decide el destino de las actividades empresariales. No hay en la economía de mercado ningún otro método de adquirir y preservar la riqueza que proveer a las masas de las forma mejor y más barata los vienes que éstas reclaman.

Cegados por sus prejuicios, muchos historiadores y escritores se han negado completamente a reconocer este hecho fundamental. Tal y como ellos lo ven, los asalariados trabajaban duramente para beneficio de otra gente. Nunca se preguntan quién era esa “otra” gente.

El Sr. y la Sra. Hammond nos dicen que los trabajadores eran más felices en 1760 de lo que lo eran en 1830.[iv] Es un juicio arbitrario de valor. No hay manera de comparar y medir la felicidad de gente distinta o de la misma gente en momentos distintos. Podemos aceptar a efectos de discusión que un individuo que naciera en 1740 fuera más feliz en 1760 que en 1830. Pero no olvidemos que en 1770 (de acuerdo con la estimación de Arthur Young) Inglaterra tenía 8,5 millones de habitantes, mientras que en 1831 (de acuerdo con el censo) la cifra era de 16 millones.[v] Este notable aumento vino principalmente condicionado por la Revolución Industrial. En relación con estos ingleses adicionales la afirmación de los eminentes historiadores sólo puede aprobarse por quienes apoyen los melancólicos versos de Sófocles:

¡A todo bien supera el no haber nacido!

¡Pero, si ya ha nacido, el bien más rico es

regresar deprisa por la misma senda por donde uno vino!

Los primeros industriales eran en su mayor parte hombres que tenían sus orígenes en los mismos estratos sociales de los que venían los obreros. Vivían muy modestamente, gastaban en sus familias sólo una parte de lo que ganaban e invertían el resto en los negocios. Pero a medida que los empresarios se iban enriqueciendo, sus hijos empezaron a introducirse en los círculos de la clase gobernante. Los caballeros de alta cuna envidiaban la riqueza de los advenedizos y dirigieron sus simpatías al movimiento reformista. Contraatacaron investigando las condiciones materiales y morales en las fábricas y aprobando legislación al respecto.

La historia del capitalismo en Gran Bretaña, así como en todos los demás países capitalistas es un registro de una tendencia incesante hacia la mejora del nivel de vida de los asalariados. Esta evolución coincidió con el desarrollo de legislación laboral y la extensión del sindicalismo laboral por un lado y el aumento de la productividad marginal del trabajo por otro. Los economistas afirman que la mejora en las condiciones materiales de los trabajadores se debe a aumento de cuota per cápita de capital invertido y a las mejoras tecnológicas que produjo el empleo de este capital adicional. Mientras la legislación laboral y la presión sindical no excedían los límites de lo que los trabajadores hubieran obtenido sin ellos como consecuencia necesaria de la aceleración de la acumulación de capital en comparación con la población, eran superfluas. Si excedían estos límites, eran lesivas para los intereses de las masas. Retrasaban la acumulación de capital, ralentizando así la tendencia hacia un aumento en la productividad marginal del trabajo y los salarios. Conferían privilegios a algunos grupos de asalariados a costa de otros. Creaban desempleo masivo y disminuían la cantidad de productos disponibles para los trabajadores en su situación como consumidores.

Los apologistas de la interferencia del gobierno en los negocios y del sindicalismo obrero atribuyen todas las mejoras en las condiciones de los trabajadores a las acciones de gobiernos y sindicatos. Si no fuera por ellos, afirman, el nivel de vida de los trabajadores no sería hoy mayor de lo que era en los primeros tiempos del sistema de fábricas.

Es evidente que esta controversia no puede resolverse apelando a la experiencia histórica. Con respecto a los hechos, no hay desacuerdo entre ambos grupos. Su antagonismo se refiere a la interpretación de los acontecimientos y esta interpretación debe guiarse por la teoría escogida. Las consideraciones epistemológicas y lógicas que determinan la corrección o incorrección de una teoría son anteriores lógica y temporalmente a la resolución del problema histórico afectado. Los hechos históricos no prueban ni dejan de probar cualquier teoría. Necesitan ser interpretados a la luz de las nociones teóricas.

La mayoría de los autores que escribieron la historia de las condiciones de trabajo bajo el capitalismo ignoraban la economía y alardeaban de ello. Sin embargo, este desprecio por un sólido razonamiento económico no significaba que se acercaran a la materia de sus estudios sin prejuicios ni partidismos a favor de alguna teoría. Seguían las mentiras populares relativas a la omnipotencia gubernamental y los supuestos beneficios del sindicalismo laboral.

Está fuera de dudas que los Webbs , así como Lujo Brentano y un otros autores menores estaban desde el mismo principio de sus estudios imbuidos por un desprecio fanático por la economía de mercado y un apoyo entusiasta a las doctrinas del socialismo y el intervencionismo. Eran sin dudad honrados y sinceros en sus convicciones y trataron de hacerlo lo mejor posible. Su candor y probidad les disculpan como personas, no les disculpan como historiadores. Por muy puras que puedan ser las intenciones de un historiador, no hay excusa para que recurran a doctrinas falsas. La primera tarea de un historiador es examinar con el máximo cuidado todas las doctrinas a las que recure al ocuparse de la materia sujeto de su trabajo. Si no hace esto y acepta ingenuamente las ideas confusas de la opinión popular, no es un historiador, sino un apologista y propagandista.

El antagonismo entre los dos puntos de vista opuestos no es un problema meramente histórico. Se refiere asimismo a los problemas actuales más candentes. Es el asunto de controversia en lo que se llama hoy en Estados Unidos el problema de las relaciones industriales.

Ocupémonos sólo de un aspecto del asunto. Hay grandes áreas (Asia Oriental, Indias Orientales, Sur y Sudeste de Europa, Latinoamérica) sólo superficialmente afectadas por el capitalismo moderno. Las condiciones en estos países no difieren en general de las de Inglaterra en vísperas de la “Revolución Industrial”. Hay millones y millones de personas a quienes no les queda ningún lugar seguro en el patrón económico tradicional. El destino de estas masas empobrecidas sólo puede mejorarse mediante la industrialización. Lo que más necesitan son empresarios y capitalistas. Cómo sus propias políticas inadecuadas han privado a estas naciones del disfrute del capital extranjero privado que hasta ahora recibían, deben dedicarse a la acumulación de capital interno. Deben seguir todas las etapas que el industrialismo occidental ha tenido que pasar en su evolución. Deben empezar con salarios comparativamente más bajos y largas horas de trabajo. Pero, engañados por las doctrinas que prevalecen en la actual Europa Occidental y Norte América, sus estadistas creen que pueden actuar de forma diferente. Animan a la presión sindical y a la legislación supuestamente a favor del trabajador. Un radicalismo intervencionista corta de raíz todo intento de crear industrias locales.





Ludwig von Mises es reconocido como el líder de la Escuela Austriaca de pensamiento económico, prodigioso autor de teorías económicas y un escritor prolífico. Los escritos y lecciones de Mises abarcan teoría económica, historia, epistemología, gobierno y filosofía política. Sus contribuciones a la teoría económica incluyen importantes aclaraciones a la teoría cuantitativa del dinero, la teoría del ciclo económico, la integración de la teoría monetaria con la teoría económica general y la demostración de que el socialismo debe fracasar porque no puede resolver el problema del cálculo económico. Mises fue el primer estudioso en reconocer que la economía es parte de una ciencia superior sobre la acción humana, ciencia a la que llamó “praxeología”.

Este artículo está extraído del capítulo 21 de La acción humana.

[1] La atribución de la expresión “la Revolución Industrial” a los reinados de los dos últimos Jorges de los Hanover fue el resultado de los intentos deliberados de melodramatizar la historia económica para ajustarla a los esquemas procustianos marxistas. La transición de los métodos medievales de producción a los del sistema de libre empresa fue un largo proceso que empezó décadas antes de 1760 e incluso en Inglaterra no había acabado en 1830. Aún así, es cierto que el desarrollo industrial de Inglaterra se vio considerablemente acelerado en la segunda mitad del siglo XVIII. Por tanto, es tolerable utilizar el término “Revolución Industrial” en el examen de las connotaciones emocionales con las que la han llenado el fabianismo, el marxismo, el escuela histórica y el institucionalismo.

[ii] J.L. Hammond y Barbara Hammond, The Skilled Labourer 1760–1832 (2ª ed. Londres, 1920), p. 4.

[iii] En la Guerra de los Siete Años, murieron en batalla 1.512 marineros británicos, mientras que 133.708 murieron por enfermedad o desaparecieron. Cf. W.L. Dorn, Competition for Empire 1740–1163 (Nueva York, 1940), p. 114.

[iv] J.L. Hammond y Barbara Hammond, loc. Cit.

[v] F.C. Dietz, An Economic History of England (Nueva York, 1942), pp. 279 y 392.
Published Mon, Aug 9 2010 4:40 PM by euribe



Top Top
  Profile  WWW 

Tue Aug 10, 2010 1:08 am

 
Online
Community Manager
User avatar
Joined: Sat Jul 24, 2004 6:24 pm
Posts: 66762
Location: San Isidro

El nuevo impulso a una moneda global

Por Llewellyn H. Rockwell Jr. (Publicado el 6 de agosto de 2010)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/4620.



Sin duda usted no creerá que las élites gobernantes dejarán pasar esta crisis económica sin impulsar algún plan lamentable de control. Bueno, aquí está el asuntillo, una reedición de la idea de hace 60 años de un papel moneda global para arreglar lo que nos aflige.

El estudio del FMI que pide esto es de Reza Moghadam, del Departamento de Strategia, Política y Revisión “en colaboración con los Departamentos de Finanzas, Legal, Mercados Monetarios y de Capitales, Investigación y Estadística”. En otras palabras, este informe no debería ignorarse.

Es un plan a largo plazo, pero el plan tiene el inconfundible sello de Keynes:

Se diseñaría una moneda global, el bancor, emitida por un banco central global como almacén estable de valor que no vaya ligado a las condiciones de ninguna economía en particular (…). El banco central global podría servir como prestamista de último recurso, ofreciendo la necesaria liquidez sistémica en caso de trastornos adversos y más automáticamente que ahora.

El término bancor viene directamente de Keynes. Éste propuso esta idea después de la Segunda Guerra Mundial, pero fue rechazada principalmente por motivos nacionalistas. En su lugar obtuvimos un sistema monetario basado en el dólar, que a su vez se ligaba al oro. En otras palabras, obtuvimos un falso patrón oro que estaba condenado a colapsar cuando los desequilibrios de las reservas de oro resultaran insostenibles, como ocurrió a finales de la década de 1960. Lo que lo reemplazó es nuestro sistema de papel moneda global de tipos de cambio flotantes.

Pero las élites nunca sucumben, nunca se rinden. La propuesta de una moneda global y un banco central global de nuevo está en el aire. ¿Qué problema va a resolver? ¿Qué va tan desesperadamente mal en el mundo que el FMI sopesa la idea de una moneda mundial? En una palabra, el problema es el atesoramiento. Al FMI le preocupa realmente que “en años recientes, la acumulación internacional de reservas se haya acelerado rápidamente, llegando al 13% del PIB global en 2009, multiplicándose por tres en los últimos diez años”.

Ya ven, la política monetaria no se suponía que funcionaría de esta forma. En su mundo ideal, el banco central entrega reservas y estas reservas se prestan, llevando a un auge en el consumo y la inversión y por tanto a la felicidad global eterna (no importa que la hiperinflación se la lleve por delante). Pero hay un problema. El sistema actual está basado en las naciones y por tanto las condiciones económicas de un país resultan tener una influencia en los mercados del préstamo. Sin prestamistas y prestatarios, el dinero se atasca en el sistema.

Es una historia corta de los dos últimos años. Ahora, si la Fed se hubiera salido con la suya, estaríamos inundados de dinero. En su lugar, las reservas están atascadas en el sistema bancario. Es como si toda la población de Estados Unidos hubiera sido abducida por la moraleja: no seas acreedor ni prestamista.

¿Y por qué? Bueno, hay dos razones. Los acreedores están ahora algo nerviosos acerca del largo plazo. Miran diariamente las cuentas, consumidos con un extraño sentido de la realidad de haber echado la casa por la ventana durante los momentos de auge. Entretanto, los banqueros ahora tiene un poco de aversión al riesgo, más felices manteniendo las reservas en la caja de lanzándolas al viento del destino. Tienen a los controladores bancarios echándoles el aliento en la nuca y prestar no renta mucho, no con los tipos de interés rebajados hasta el nivel cero.

Bajo estas condiciones, sí, el atesoramiento parece una buena idea. Lo que es más, deberíamos estar realmente muy agradecidos por esta retirada. La idea de volver a otra burbuja parece bastante miope.

El FMI tiene un problema con esta práctica, aunque no se ocupe de él. El problema es que mantener grandes reservas es poner un freno al consumo y la inversión, prolongando la recesión. La solución simple que viene a la mente de los cabezas de huevo del FMI es encontrar algún sistema, cualquier sistema, que impulse al dinero de las cajas a las manos de la gente que gasta.

La lógica para la moneda global y el banco central global es que las reservas siempre podrían encontrar un mercado en un sistema globalizado y por tanto no estarían tan ligadas a las exigencias de una banca y un sistema monetario basados en las naciones.

Un escrito académico puede derrochar elocuencia en cientos de páginas acerca de las ventajas de un sistema global. Llevaría a mayor estabilidad, eficiencia y menor politización del dinero y el crédito. Y verdaderamente, hay en ello algo de razón: un patrón oro real siempre tiende hacia un sistema de moneda global. Las diferentes divisas nacionales son meramente nombres distintos para la misma cosa.

Pero hay una diferencia clave. Bajo un patrón oro, el metal físico es el límite y el mercado es el amo. Bajo un sistema de papel global, el papel no ofrece ningún límite y los políticos son los amos. Así que no tiene sentido hablar acerca de las glorias de la globalización en el contexto actual. Un papel moneda global aumentaría el riesgo moral y llevaría a un régimen inflacionista global como nunca hemos visto. No habría escapatoria del control político en esa situación.

Toda propuesta de una solución drástica como ésta aparece siempre con una advertencia acerca de alguna consecuencia igualmente drástica de no adoptar la propuesta. En este caso, el FMI realmente plantea cuestiones acerca de la propia supervivencia del dólar. “Ha habido un largo debate especulando sobre si el dólar podría colapsar”, dice el estudio. Plantea la preocupación de si se materializa un corrida sobre el dólar, los bancos podrían atentar adelantarse unos a otros para acabar con él permanentemente.

Pero, apunta el escrito, mucha gente se pregunta si “existen buenas alternativas al dólar”. Y por esta razón, podría ser una buena idea preparar una alternativa así mejor pronto que tarde.

Probablemente haya más verdad en esa afirmación de la que la mayoría de la gente querría otorgarle. Pero la alternativa correcta no es aún así otro experimento más global de inflación en papel moneda. Dios nos libre.

Si queremos una alternativa al dólar, hay una que aparece ante nuestros ojos si dejamos que se produzca. Los traders privados de divisas en todo el mundo podrían, por sí mismos crear una nueva moneda basada en el oro y comerciada por medios digitales. En muchas ocasiones en los últimos 20 años ha estado a punto de ocurrir. Pero ¿saben qué? El gobierno intervino y les detuvo. Las élites gobernantes han decidido que no habrá reforma monetaria salvo que provenga de las torres de marfil de las élites monetarias.





Llewellyn H. Rockwell, Jr es Presidente de la Junta Directiva del Ludwig von Mises Institute en Auburn, Alabama, editor de LewRockwell.com, y autor de The Left, the Right, and the State.
Published Sun, Aug 8 2010 7:19 PM by euribe



Top Top
  Profile  WWW 

Fri Aug 06, 2010 7:45 pm

 
Online
Community Manager
User avatar
Joined: Sat Jul 24, 2004 6:24 pm
Posts: 66762
Location: San Isidro

Belesbat, Boisguilbert y el orden natural del libre mercado

Por Murray N. Rothbard. (Publicado el 5 de agosto de 2001)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/4610.

[Este artículo está extraído de Historia del pensamiento económico, vol. 1, El pensamiento económico hasta Adam Smith]


El utilitarista del laissez faire: El Señor de Belesbat

Uno de los pensadores antimercantilistas y favorables al laissez faire más influyentes de las últimas décadas de Luis XIV fue Charles Paul Hurault de l'Hopital, Señor de Belesbat (¿? - 1706). Biznieto de un canciller de Francia, Belesbat fue durante la década de 1690 un miembro influyente de un salón de oposición política en la palacio de Luxemburgo en el distrito de los jardines de Luxemburgo en París. El salón se reunía semanalmente en casa del primo hermano de Belesbat, François Thimoleon, Abad de Choisy.

En otoño de 1692, Belesbat presentó seis memoriales a Luis XIV, cuyas copias y extractos se reprodujeron en toda Francia. Belesbat se centraba en las guerras con los holandeses como claves para los problemas económicos de Francia. Los estados se hacen ricos, advertía Belesbat, no apropiándose y destruyendo el comercio de otras naciones, sino estimulando el comercio conforme al interés natural de la nación. En lugar de tratar de capturar artificialmente el comercio holandés, el gobierno francés debería permitir que floreciera su propia agricultura.

Belesbat destacaba que Dios había entretejido a todos los pueblos en una red interdependiente de ventajas recíprocas por medio del comercio y la especialización: “No hay que le falte a un [país] que no produzcan los otros. (…) Dios (…) habiendo creado a los hombres para la sociedad, los ha dividido tan bien que no pueden arreglarse los unos sin los otros”. Las restricciones del gobierno al comercio sólo dificultan esta interdependencia natural, por lo que los mercaderes deberían ser libres de perseguir “el comercio que elijan”. La dirección de las actividades económicas en cada país se determina normalmente por los recursos naturales y el tipo de inversión de capital en esa área.

No se trata, concluía Belesbat, de que el comercio en un país beneficie a una parte a costa de otras. La verdad es más bien la opuesta. Además, la libertad de los mercaderes en el comercio interno era tan importante como en el comercio externo. La red de comercio e intercambio es tanto interna como externa. Además, prefigurando el argumento hayekiano a favor del libre mercado, Belestaba advertía, como apunta el Profesor Rothkrug, que

Cada transacción, doméstica o foránea, requería una libertad absoluta porque se llevaba a cabo en circunstancias especiales por mercaderes cuyas fortunas dependían parcialmente del secreto y de los procedimientos únicos con los que desarrollaban sus negocios.[1]

Por tanto, la regulación del estado, lejos de proteger al mercado, interferiría en la libertad necesaria de cualquier comercio próspero. Los recursos naturales, explicaba Belesbat, son inútiles sin gente que los cultive y que se dedique a su comercio. Luego Belesbat se dedicaba a un complicado análisis de los elementos necesarios para una actividad de mercado con éxito:

Llamamos comercio a un intercambio entre hombres de las cosas que necesitan mutuamente (…) En ambos [comercio interior y exterior] los principios del éxito son los mismos. Y a pesar de que hay un infinito número de formas en las que practicar el comercio, todas diferentes, se basan en una gran libertad, una gran inversión de capital, un montón de buena fe, mucha aplicación y un gran secreto. Cada mercader, teniendo sus opiniones particulares, de tal forma que el que se beneficia con una venta de sus productos, no impide al que los compra beneficiarse considerablemente al deshacerse de ellos (…) De ahí que el completo éxito del comercio, consistiendo como consiste en libertad, gran inversión de capital, aplicación y secreto, impide que los príncipes intervengan jamás sin destruir los principios.

Así Belesbat, además de una sensible apreciación del papel del emprendimiento individual y la energía del mercader y de la rentabilidad mutua del intercambio ve, aunque sólo sea vagamente, que la gran variedad de comercio individual puede aún así analizarse correctamente con un pequeño número de leyes formales, leyes o verdades que aplican a todo emprendimiento e intercambio.

En un área esencial, Belesbat va significativamente más allá de las opiniones de laissez faire de Fenelon y otros, quienes se oponían tanto al lujo de la corte absolutista y la burocracia de los nuevos ricos que deseaban que el gobierno restringiera la producción y comercio de artículos de lujo. Belesbat acabó con esas inconsistentes excepciones al laissez faire. Las leyes naturales del comercio, que para él conllevaban consideraciones de utilidad, se aplicaban al lujo igual que a todas las demás ramas de la producción y el comercio.

Belesbat concluía elocuentemente de su análisis que “debe tomarse como un principio que la libertad es el alma del comercio, sin la cual (…) buenos puertos, grandes ríos y (…) fértiles [tierras] no valen de nada. Cuando falta la libertad nada es aprovechable”.[2] En resumen, el gobierno debería “dejar que el comercio haga lo que le plazca” (laissant faire le commerce que l'on voudra).

El Señor de Belesbat dejaba claro que basaba su esperanza de aplicar un libertarismo en una forma extrema de utilitarismo temprano, un utilitarismo que esperaba que aplicara el rey. Se le pedía al rey que canalizara los intereses propios del pueblo a actividades libres y en armonía mostrando que la virtud se ve recompensada y la maldad (el robo y otras interferencias en el comercio) se ve castigada. De esa manera, los hombres se verían acostumbrados a perseguir la virtud. Belesbat fue muy lejos en su utilitarismo al mantener que la “justicia” era siempre únicamente utilidad o interés propio. Una debilidad fatal en su teoría era la opinión confiada de que el propio interés del rey, que se suponía que pondría en práctica todo esto, era siempre idéntico a los intereses propios en armonía de sus súbditos.

Belesbat también anticipó la posterior opinión de que el escepticismo del tipo de Montaigne acerca de la razón, en lugar de ofrecer apoyo para continuar con el absolutismo de estado, enseña humildad a los hombres de forma que aceptarán la libertad y el libre mercado. Sin embargo, la razón no es el único motivo, ni siquiera el principal, para la lucha por el ejercicio del poder: la adquisición de riquezas y privilegios parecerían ser motivos suficientes. Y como siempre habrá gente y grupos que buscarán apropiarse y agrandar el poder del estado para sus propios fines, el escepticismo hacia la razón y una filosofía política racional parece más probable que afecte a cualquier oposición determinada al estatismo que impida que cualquier estatista luche por el poder.
Boisguilbert y el laissez faire

El más conocido de los defensores franceses del laissez faire de finales del siglo XVII es Pierre le Pesant, Señor de Boisguilbert (1646-1714). Nacido en Ruán en una alta familia normanda de funcionarios judiciales y primo de los poetas y dramaturgos hermanos Cornielle, Boisguilbert fue educado por los jesuitas y acabó adquiriendo dos oficinas judiciales en Ruán. Trabajó allí como teniente general de la corte de 1690 hasta su muerte. Boisguilbert era asimismo un gran terrateniente, hombre de negocios, literato, traductor, abogado e historiador.

Boisguilbert fue una combinación de genio y excentricidad. Su primera y más importante obra, Le Detail de la France (Detalle de Francia), publicada en 1695, se subtitulaba reveladoramente La France ruinée sous le règne de Louis XIV (La Francia arruinada bajo el reinado de Luis XIV).[3] Boisguilbert escribió innumerables cartas a los sucesivos controladores generales de Francia sobre las virtudes del libre comercio y el laissez faire y los males de la intervención del gobierno. Después de 1699, Boisguilbert siguió golpeando al controlador general Michel Camillart durante años, pero sin resultados. Camillart continuó rechazando permitirle imprimir sus tomos, pero Boisguilbert los publicó igualmente, imprimiendo finalmente sus obras escogidas bajo el título Le Detail de la France en 1707. En ese año, el mismo ñeque se censuró el Dixme Royale de Vauban, la obra de Boisguilbert fue también prohibida y su autor enviado a un breve exilio. Volvió bajo promesa de silencio, pero de inmediato reimprimió su libro cuatro veces entre 1708 y 1712.

Defendiendo al laissez faire, Boisguilbert denunciaba la preocupación mercantilista de acumular metales preciosos, apuntando que la esencia de la riqueza son los bienes, no la moneda. La moneda, explicaba Boisguilbert, es sólo comodidad. Así que el influjo de los metales preciosos del Nuevo Mundo en el siglo XVI sólo sirvió para aumentar los precios. Si se hubiera dejado actuar a la naturaleza, todos los hombres disfrutarían de abundancia y los intentos del gobierno de mejorar a la naturaleza sólo causaron confusión. El sencillo remedio para los múltiples males que estaba sufriendo Francia era, como dice el Profesor Keohane: “que el gobierno deje de interferir en los patrones naturales del comercio y laissez faire la nature. No se necesitaba ningún esfuerzo sobrehumano de reforma, sólo el cese de esfuerzos mal dirigidos”.[4]

La armonía colectiva o social, escribía Boisguilbert, derive de los esfuerzos de innumerables individuos por mejorar sus propios intereses y su felicidad. Si el gobierno eliminara todas las restricciones artificiales al comercio, todos los participantes tendrían incentivos para producir e intercambiar y el interés propio se vería libre para realizar su constructiva labor. Sólo el uso de la coacción o el privilegio del estado someten el interés de uno al de otro, mientras que la sumisión al inteligente orden natural aseguraría la armonía entre la avaricia individual y el beneficio universal. Como resumen Kehoane a Boisguilbert: “Mientras no interfiramos con sus obras [las de la Naturaleza], nuestros intentos de obtener tanto como podamos maximizarán la felicidad de todos a largo plazo”.[5]

Así que no es que los individuos apunten hacia el bien general cuando persiguen sus propios intereses. Por el contrario, es la gloria del orden natural que, mientras los individuos buscan su propia “utilidad privada”, también promuevan los intereses de todos. Aunque los individuos pueden tratar de subvertir las leyes y ganar a costa de sus vecinos, el orden natural de libertad y laissez faire mantendría la paz, la armonía y el beneficio universal. Como declara Boisguilbert, “Pero sólo la naturaleza puede presentar ese orden y mantener la paz. Cualquier otra autoridad arruina todo al tratar de interferir, sin que importen las buenas intenciones que tenga”. En el libre mercado establecido por el orden natural, “el deseo puro de beneficios sería el alma de todo mercado tanto para comprador como para vendedor y es por la ayuda de ese equilibrio o balance por lo que cada participante en la transacción se ve igualmente obligado a escuchar y razonar y someterse a él”.

El orden natural del libre mercado impide que se produzca ninguna explotación. Así: “La naturaleza de la Providencia [ha] (…) ordenado así los negocios de la vida, siempre que le deje hacer (on le laisse faire) no pueden los más poderosos en comprar bienes de impedir a algún pobre desgraciado la venta para garantizarse su subsistencia”. Todo trabaja correctamente “siempre que se deja hacer a la naturaleza (on laisse faire la nature) (…) [es decir] supuesto de que se le deje libertad y nadie se entromete con estos negocios, salvo para otorgar protección a todos e impedir la violencia”.[6]

Boisguilbert también demostró concretamente los efectos contraproducentes de la intervención del gobierno. Así, cuando el gobierno francés trató de aliviar el hambre rebajando los precios del grano y controlando el comercio, todo lo que logró fue disminuir el cultivo y la producción de grano y por tanto intensificar la misma hambre que el gobierno trataba de aliviar. Esa intervención, en el resumen del Profesor Keohane,

sólo tendría sentido si el grano, como el maná y los champiñones, apareciera sin esfuerzo humano, pues ignora los efectos de los bajos precios en los hábitos de los agricultores. Si el gobierno simplemente hubiera dejado de entrometerse, la economía francesa, como una ciudad a la que se le levantara el asedio, recuperaría su salud. Libre de fijar su propio precio al grano y de importar grano libremente n todo el territorio, los franceses se verían abundantemente provistos de pan.[7]

Para explicar la naturaleza y las ventajas de la especialización y el comercio, Boisguilbert es uno de los primeros economistas en empezar con el intercambio hipotético más simple: dos trabajadores, uno produce trigo y el otro lana y luego extiende el análisis a un pueblo pequeño y finalmente a todo el mundo. Este método de “aproximación sucesiva”, de empezar con lo más simple y luego extender el análisis paso a paso, acabaría resultando ser la forma más fructífera de desarrollar una teoría económica para analizar el mundo económico.

Explicando gráficamente las respectivas obras del poder y el mercado, Boisguilbert imagina a un tirano que tortura a sus súbditos encadenándoles a la vista de los demás, cada uno rodeado por una abundancia de los bienes particulares que produce: comida, ropa, licor, agua, etc. Serían inmediatamente felices si el tirano eliminara sus cadenas y les permitiera intercambiar sus excedentes por los de los otros. Pero si dice el tirano que no, que sólo puede eliminar las cadenas de su pueblo cuando se termine una guerra u otra o en algún momento en el futuro, sólo añade burla y escarnio a su dolorosa tortura. Aquí Boisguilbert se estaba burlando amargamente de la respuesta que Luis XIV y sus ministros daban habitualmente a los ruegos de reformadores y opositores: “Debemos esperar a la paz”. De nuevo, como los demás opositores, la guerra se manifestaba como la excusa habitual para mantener las perjudiciales intervenciones del gobierno.

Como Belesbat, Boisguilbert no aguantaba a los inconsistentes reformadores que trataban hacer una excepción al laissez faire con los productos de lujo. Para Boisguilbert, la riqueza natural no eran sólo las necesidades biológicas, más bien “la riqueza real consiste en un disfrute completo, no sólo de lo necesario para la vida, sino incluso de todo lo superfluo y todo lo que puede dar placer a los sentidos”.

Además, Boisguilbert fue tal vez el primero en integrar la explicación de la política fiscal dentro de sus doctrinas económicas generales. Adoptando la propuesta de Vauban de eliminar todos los impuestos y sustituirlos por un solo impuesto directo del 10% sobre todos los ingresos, Boisguilbert analizaba y denunciaba amargamente los efectos de los impuestos indirectos en la agricultura. Los altos impuestos sobre el grano, apuntaba, habían aumentado los costes y perjudicado a la producción y el comercio del grano. Durante cuatro décadas, argumentaba, el gobierno francés había declarado virtualmente la guerra al consumo y el comercio mediante su monstruosa fiscalidad, generando severas depresiones en todas las áreas de la economía.

Por el contrario, en el libre mercado todos se benefician, pues “el comercio no es otra cosa que la utilidad recíproca y todas las partes, compradores y vendedores, deben tener igual interés o necesidad de comprar o vender”.

Por tanto, con Balesbat y Boisguilbert el foco del ataque liberal clásico al estatismo cambia de la denuncia moralista del lujo o el pernicioso maquiavelismo a enfrentarse a la doctrina mercantilista en sus propios terrenos utilitarios. Así que incluso abandonando la moralidad clásica, la utilidad y la felicidad general requieren la propiedad privada y el laissez faire del orden natural. En cierto sentido, la anticuada ley natural se había extendido a la esfera económica y a la malla de utilidades e intereses individuales mediante la operación del libre mercado.

Al contrario que místicos devotos como Fenelon, Balesbat y Boisguilbert armonizaban como las nuevas cosmologías mecánicas de Isaac Newton y otros a finales del siglo XVII. Dios había creado una serie de leyes naturales del mundo y la sociedad: era tarea de la razón humana, una razón universal para todos, independiente de naciones o costumbres, entender estas leyes y alcanzar con ellas el interés y la felicidad propios.

En la economía, el libre comercio y los mercados libres, mediante la armonía de los beneficios recíprocos, aumentaban los intereses y la felicidad de todos al buscar cada uno su utilidad e interés personal. La Regla de Oro y la ausencia de violencia, era la ley moral natural que describía la clave de la armonía social y la prosperidad económica. Aunque ese análisis no era en sí mismo anticristiano, reemplazaba ciertamente los aspectos ascéticos de la cristiandad por un credo optimista, más centrado en el hombre y también era consistente con el aumento de la religión del deísmo, en la que Dios era el creador, o relojero que creó el mecanismo del universo y sus autosuficientes leyes naturales y luego se retiró de la escena.

Como ha apuntado el Profesor Spengler,

el siglo XVIII conceptualizó el universo económico (o social). Hizo visibles los procesos ocultos del orden social incluso aunque el XVII se hubiera dado cuenta de los de orden físico y los hiciera visibles; generalizó en el ámbito humano la idea del “marco” escondido detrás de “los fenómenos más comunes” y la “mano invisible” por la que “funciona la Naturaleza” en “todas las cosas”.

Respecto de Boisguilbert, su contribución iba a ser

de las primeras, si no la primera, en concebir aunque imperfectamente, el sistema de relaciones que subyace el orden económico. (…) Su contribución consistió en su separación (aunque fuera imperfectamente) del orden económico del sistema total de la sociedad, en comprender el carácter comparativamente autónomo de este orden, en descubrir las conexiones esencialmente mecánicas y psicológicas que unen a los hombres en un orden económico y en dirigir la atención a la forma en que el orden económico estaba sujeto a distorsiones por impulsos originados en el orden político.[8]

También debería mencionarse que sin duda parecía más fácil convencer al rey y a su élite gobernante acerca de la utilidad general de la propiedad privada y el libre mercado, que convencerles de que estaban actuando como cabecillas de un sistema inmoral y criminal de robo organizado. Así que las estrategia básica de tratar de convertir al rey llevaba inexorablemente al menos a una aproximación ampliamente utilitarista a los problemas de la libertad y la intervención del gobierno.





Murray N. Rothbard (1926-1995) fue decano de la Escuela Austriaca. Fue economista, historiador de la economía y filósofo político libertario.

Este artículo está extraído de Historia del pensamiento económico, vol. 1, El pensamiento económico hasta Adam Smith.



[1] Rothkrug, op. cit, nota 1, p. 333.

[2] Ver Rothkrug, op. cit, nota 1, p. 333-334.

[3] Bajo esas circunstancias, el título de la traducción inglesa dos años después, La desolación de Francia, no parece inapropiado.

[4] N.O. Keohane, Philosophy and the State in France: The Renaissance to the Enlightenment (Princeton, NJ: Princeton University Press, 1980), p. 352.

[5] Ibid., p. 353.

[6] Citado en Cole, op. cit., nota 2, p. 266. O, en otro lugar: "il est seulement nécessaire de laisser agir la nature." (Sólo hace falta dejar actuar a la naturaleza). Ver Joseph J. Spengler, “Boisguilbert's Economic Views Vis-à-vis those of Contemporary Reformateurs”, History of Political Economy, 16 (Primavera de 1984), p. 81n.

[7] Keohane, op. cit., nota 11, pp. 354–355.

[8] Spengler, op. cit., nota 13, pp. 73–74. Spengler añade que el término “mano invisible” fue usado por primera vez por el escritor inglés Joseph Glanville en su The Vanity of Dogmatizing (1661), un siglo antes de que Adam Smith utilizara el concepto de forma similar. En sus ensayos filosóficos, Smith trataba a la filosofía como “representante de las cadenas invisibles que unen” fenómenos aparentemente sin conexión. Ibid., p. 73n.
Published Fri, Aug 6 2010 2:55 PM by euribe



Top Top
  Profile  WWW 

Fri Aug 06, 2010 7:44 pm

 
Online
Community Manager
User avatar
Joined: Sat Jul 24, 2004 6:24 pm
Posts: 66762
Location: San Isidro

El maquillaje de un presidente

Por Clifford F. Thies. (Publicado el 5 de agosto de 2010)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/4589.



Clasificar a los presidentes es como un trabajo casero entre la élite intelectual. Todo empezó en 1948, cuando Arthur Schlesinger realizó una encuesta a un pequeño pero cuidadosamente elegido grupo de historiadores para clasificar a los presidentes desde Washington a Franklin Delano Roosevelt; el fin no demasiado sutil era demostrar que éste (FDR) formaba parte del Panteón de Grandes Presidentes.

Más recientemente, el Siena Research Institute ha publicado la última de sus encuestas periódicas a expertos presidenciales. En esta encuesta encontramos a Barack Obama calificado en el Nº 15, uno de los Casi Grandes.

Es verdad que la encuesta de Siena utiliza una fórmula propia para evaluar la grandeza presidencial. Evalúa la capacidad además de los logros, lo que les permite calificar las presidencias de hombres como William H. Garrison y James A. Garfield, que sólo fueron presidentes durante poco tiempo, así como a un presidente como Obama, que sólo recientemente ha accedido al cargo.

Sin embargo algunas de las calificaciones parecen un poco exageradas. Ronald Reagan, que fue durante ocho años gobernador del estado más grande de la nación está calificado muy bajo en experiencia antes de ser presidente, en el Nº 34. Obama, con mucho el presidente con menos experiencia en la historia reciente, esta clasificado más arriba, en el Nº 32.

Lo que es más importante ¿quién debería preocuparse acerca de lo que dice la élite intelectual acerca de los presidentes? Junto con Gary Pecquet, de la Universidad del Centro de Michigan, realicé un análisis estadístico de (a) la clasificación de los presidentes en numerosas encuestas durante los pasados sesenta años y (b) el voto para los candidatos del partido de los presidentes electos.

Descubrimos que los valores implícitos en las calificaciones presidenciales eran prácticamente los contrarios a los del pueblo, expresados en su voto. La gente vota a los candidatos del partido del presidente en el cargo que han evitado la guerra y cuyos periodos en el cargo se han caracterizado por el fuerte crecimiento económico. A la gente realmente no le importan mucho los escándalos políticos o personales. Por el contrario, los intelectuales aman la guerra, no les importa el crecimiento económico y están obsesionados con los escándalos.

Otra cosa que descubrimos Gary y yo es que las calificaciones de los presidentes, después de abandonar el cargo, tienden a empezar bajas y aumentan con el tiempo. Por tanto, puede esperarse que la clasificación muy baja asignada a George W. Bush en la encuesta de Siena recientemente publicada mejore en los próximos años.

Mirando atrás a la primera encuesta, en 1948, la élite intelectual no podía creer que Herbert Hoover, un republicano progresista, o incluso FDR el Grande pudieran ser acusados de contribuir a la profundidad o duración de la Gran Depresión. La culpa, siguen pensando, debe haber sido de Calvin Coolidge, al estar asociado con una economía de libre mercado. En la encuesta de Schlesinger, Coolidge estaba en realidad clasificado más abajo que Hoover.

Esta transformación continuó en las siguientes encuestas durante varias décadas, hasta que la investigación revisionista de Milton Friedman, Murray Rothbard y Jude Wanniski acabó consiguiendo centrar la atención en los numerosos errores de las administraciones de Hoover y FDR y abandonar la fantástica historia apuntada por John Kenneth Galbraith de que el crash de la bolsa de 1929 fue la causa de todo. De forma parecida, George W. Bush es el cómodo chivo expiatorio de los actuales problemas de la nación, a pesar de que Bush era un keynesiano (y por tanto, hooveresco).

Respecto de la economía, Obama está clasificado el Nº 17, lo que le pone en la categoría de los Casi Grandes. Por muy asombroso que suene, FDR está colocado el Nº 1. ¿Cómo es que Obama y FDR, presidentes con alto paro y expectativas de derrumbamiento puedan considerarse como que están por encima de la media o incluso el mejor en rendimiento económico? Bajo FDR, el desempleo continuó en dobles dígitos hasta la Segunda Guerra Mundial, cuando la producción de guerra impulsó el empleo por encima del nivel normal. El empleo en el sector privado sólo volvió a los niveles previos a la depresión en 1946. ¿Cómo podría ser esto lo mejor?

Es porque la élite progresista cree que, sin un gobierno masivo, la economía se habría desmoronado hasta el cero. El gobierno se ve como Atlas sosteniendo al mundo. Lo mismo pasa hoy, cuando la tasa de desempleo, medida por el gobierno, se acerca al 10% y cada vez más gente ya no puede buscar empleo a causa de la desesperación. ¿Qué dice esta administración? Dice que las cosas serían mucho peores sin sus políticas.

¿Y cómo explica la élite intelectual el cambio de la economía bajo Reagan, que pasó del estancamiento de la década de 1970 y el malestar asociado a Carter al “amanecer en América”? Bueno, me encanta que me hagan esta pregunta.

De acuerdo con los expertos presidenciales, fue por Suerte. La élite intelectual coloca a Ronald Reagan bajo en rendimiento económico, el Nº 21, por debajo de Barack Obama. Pero ponen a Reagan en el Nº 3 en Suerte.





Clifford F. Thies es el titular de la Cátedra Eldon R. Lindsay de Libre Empresa en la Universidad de Shenandoah en Winchester, Virginia.
Published Thu, Aug 5 2010 7:05 PM by euribe



Top Top
  Profile  WWW 

Fri Aug 06, 2010 7:44 pm

 
Online
Community Manager
User avatar
Joined: Sat Jul 24, 2004 6:24 pm
Posts: 66762
Location: San Isidro

Defensa de la antirregulación

Por Eric Perkerson. (Publicado el 4 de agosto de 2010)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí http://mises.org/daily/4579.

La crisis de la Deepwater Horizon ha provocado la siguiente batalla en la interminable guerra de ideas entre partidarios de la intervención del gobierno y defensores del laissez faire. Las tácticas en esta batalla son familiares, las trincheras están bien establecidas y las tropas instruidas. Todo el escenario genera una sensación de déjà vu. La última gran batalla todavía continúa, aunque empezó hace años al darse cuenta de que el gran edificio financiero construido durante años de crédito barato se estaba cayendo a pedazos.

En esta continua tradición, los partidarios de regulaciones e intervenciones gubernamentales han hecho muchas comparaciones entre el colapso financiero y la crisis de la Deepwater Horizon.[1] Los problemas que ven son idénticos en cada caso: grandes empresas en búsqueda de beneficios, en ausencia de regulaciones, toman decisiones arriesgadas que acaban dañando a otros. Su solución es simplemente regular estas compañías.

Citemos el reciente post en el blog del novelista, director de cine y ahora periodista económico Gonzalo Lira:

El vertido de petróleo de BP es parte del mismo problema de la crisis financiera: El vertido de petróleo de BP y la crisis bancaria son dos ejemplos de la época en que vivimos, la época de la anarquía corporativa.

En pocas palabras, en esta época de anarquía corporativa, las corporaciones no tienen que cumplir ninguna regla, ninguna en absoluto. Las reglas legales, morales, éticas e incluso financieras son irrelevantes. Todas ellas se han rescindido en la búsqueda de beneficio, literalmente nada más importa.

Esto es escandalosamente falso: las empresas tienen que cumplir incontables normas y regulaciones. Pero así es como piensan los partidarios de la intervención pública: ven mercados libres donde no existen y echan la culpa de cualquier problema que perciban a la supuesta ausencia de una fuerte intervención gubernamental en el manejo de los negocios.[2]

En respuesta, los defensores de la libertad económica se han centrado en desacreditar el persistente mito de que el actual sistema económico es un ejemplo de mercado completamente desregulado, falto de toda intervención del gobierno. Además de las grandes contribuciones del gobierno al riesgo de este tipo de desastre, incluyendo un tope de responsabilidad increíblemente generoso y fuertes incentivos para perforar en aguas más profundas y peligrosas, no hay prácticamente nada en la economía fuera de la esfera de la intervención pública.[3] Como decía sucintamente el columnista Sheldon Richmond, el libre mercado “tiene una coartada a toda prueba. No existía”.

Los defensores de los mercados libres han ido más allá en dar luz acerca del fracaso de las regulaciones en lograr los resultados pretendidos. La “captura del regulador” se está haciendo rápidamente un término familiar para la mayoría. Jeffrey Miron, autor de Libertarianism from A to Z, ha dicho que “el escepticismo libertario sobre este tipo de regulación no se basa en una fe ciega en los mercados, se basa en el reconocimiento con los ojos bien abiertos de cómo (no) funciona la regulación en la práctica”.

Sin embargo, nada es esto va la corazón del asunto. La defensa del laissez faire nunca ha descansado en la idea simple de que todo gobierno sea corrupto e ineficaz y todos los empresarios sean buenos y les interese el bienestar público. Difícilmente. En esta guerra de ideas, los partidarios de la regulación no se van a inmutar ni siquiera si se ven forzados a admitir que ciertas políticas públicas contribuyeron al vertido. Las tácticas empleadas actualmente por los defensores de los mercados libres son bastante ineficaces. Lo que se necesita es aportar al debate una defensa general del mercado.
El gobierno del mercado

Hay una contradicción sutil en la frase previamente citada de Lira. Afirma a la vez que las corporaciones no tienen que cumplir con ninguna regla en absoluto y que todas esas reglas se han rescindido en la búsqueda de beneficios. Lo que olvida es crucial: la necesidad de que empresas y empresarios busquen un beneficio es en sí misma una regla. Un negocio no puede operar de cualquier manera y aún así obtener un beneficio.

Citando a Ludwig von Mises:

La prueba de la utilidad de los servicios realizados es que un número suficiente de ciudadanos está dispuesto a pagar el precio pedido por ellos. No puede haber duda alguna acerca del hecho de que los clientes consideran útiles los servicios realizados por las panaderías. Están dispuestos a pagar el precio pedido por el pan. Bajo este precio, la producción de pan tiende a expandirse hasta que se alcanza la saturación, es decir, hasta que una posterior expansión absorba factores de producción de ramas de la industria para cuyos productos la demanda de los consumidores es más intensa. Al tomar como guía el beneficio, la libre empresa ajusta sus actividades a los deseos del público. El beneficio impulsa a todo empresario a realizar esos servicios que los consumidores consideran los más urgentes.[4]

No sólo el mercado apunta a proveer las cosas por las que la gente está más dispuesta a pagar, sino que también ofrece la base para el cálculo económico y por tanto la actividad económica racional.[5] El mecanismo de pérdidas y ganancias también ofrece el motivo que hay detrás del proceso productivo al incentivar, para cada individuo, la búsqueda de oportunidades, la gestión eficaz del riesgo y la contribución al proceso productivo.
El beneficio y el medio ambiente

Sin embargo, cuando afecta al medio ambiente, ya no se escucha nada acerca de los beneficios de los mercados. En su lugar, mandan las discusiones sobre las “externalidades”. Pérdidas y ganancias se consideran deficientes porque no tienen en cuenta cualquier coste impuesto a terceros.

Pero esto es un fallo legal, no un fallo del mercado. No se supone que los mercados estén desprovistos de leyes. Deberían protegerse personas y propiedades frente a acciones destructivas y agresivas de otros. Es esencial. Entonces, se trata de cómo deberíamos ocuparnos de las “externalidades”, especialmente en relación con el medio ambiente.

La regulación, como solución propuesta para este asunto, limita el ámbito de las acciones que pueden realizar legalmente empresarios y negocios. O les dan regulaciones que les dicen qué deben hacer o les dan regulaciones que les dicen qué no deben hacer. El cálculo de la toma de decisiones de los empresarios se reemplaza por la dirección arbitraria de los reguladores burocráticos. Pérdidas y ganancias ya no son herramientas para la toma de decisiones. Se eluden e ignoran.

La litigación, mediante leyes de responsabilidad civil y responsabilidades estrictas, pueden ofrecer evaluaciones monetarias de los costes de los daños medioambientales. Los costes así impuestos a los delincuentes medioambientales son monetarios, determinados por patrones legales en un tribunal y por los daños a terceros. Los gobiernos pueden asimismo hacer que las empresas paguen directamente por los daños observados.

La diferencia esencial entre regulación y métodos que convierten los daños medioambientales en costes monetarios es que los costes monetarios encajan en el marco del mercado. Permiten el cálculo económico en la política medioambiental. El valor público del medioambiente se sopesa frente al valor público de los recursos en el proceso de mercado de recogida de información y cálculo. Suponer simplemente que los beneficios de la política medioambiental superan a los costes es difícilmente satisfactorio.

La idea de que las externalidades del mercado son “ineficientes económicamente” revela un error fundamental El mismo concepto de “eficiencia económica” se basa en usar una sola escala de valores para maximizar la utilidad. Aún así, el mercado no se caracteriza por tener una sola escala de valores. A causa de la naturaleza subjetiva del valor y la imposibilidad de comparaciones de utilidad interpersonales, las curvas de coste social y beneficio social usadas para definir la naturaleza no ideal de las externalidades simplemente no existen. Nunca podemos determinar si un mercado en general es “eficiente económicamente” o no.

Lo que importa es que se obstaculice la función del proceso de mercado. La información precisa aportada por los precios acerca de las oportunidades de intercambios mutuamente beneficiosos en el mercado es importante para la propia eficacia de cada individuo para alcanzar sus objetivos. La propiedad privada es la base de este sistema.

De hecho, la mayoría de los problemas de las externalidades se producen cuando distintos actores del mercado tienen objetivos en conflicto con respecto a un recurso en particular, como el agua del océano. Esto se produce cuando los derechos de propiedad son ambiguos o simplemente inexistentes.[6] En los casos en que los derechos de propiedad están claramente definidos, el daño a una propiedad por parte de otro puede gestionarse mediante la responsabilidad civil y así se gestiona el problema de la externalidad.
Lo visto y lo no visto

¿Qué pasa con el voto? ¿No hace la gente que se escuchen sus valores mediante la democracia? Puede que el gobierno acabe tomando las decisiones, pero ¿no puede verse influenciado por las valoraciones definitivas del pueblo mediante su acción como votantes, de forma similar a como el mercado tomaría decisiones influido por las valoraciones del pueblo como consumidores?

Aparte del hecho de que las políticas regulatorias complejas nunca van a ser influenciadas directamente por los votantes, hay un fallo enorme en esta propuesta. Ningún votante de la sociedad está en disposición de comparar todos los costes y beneficios de una decisión económica tan compleja como las que afectan a los recursos y el medio ambiente.

El petróleo, como factor de producción, no es valorado directamente por los consumidores. Se valora basándose en el valor que se da a los productos que puede producir. Mucha gente que observa los efectos de la crisis de la Deepwater Horizon ve a los pelícanos cubiertos de petróleo y a los pescadores sin trabajo, pero esa misma gente no puede ver todos los beneficios del uso de petróleo que produce a cada uno en toda la economía.

La información acerca del valor dado al petróleo se comunica y conoce sólo a través del mercado en forma de precios. No existe en la mente de los votantes, de los individuos, sino sólo en el mercado. Si es rentable perforar por petróleo incluso cuando todo el daño medioambiental recaiga sobre los perforadores, la señal del mercado está clara: la gente valora los productos más de lo que le desagradan los efectos en el medio ambiente.
Conclusión

La regulación del gobierno no es una respuesta eficaz o beneficiosa a la crisis de la Deepwater Horizon. Sólo en la economía, mediante el cálculo monetario del mercado, puede realizarse un cálculo racional de los costes y beneficios de cualquier acción. Los costes impuestos a terceros por cualquier empresa mediante acciones como un vertido de petróleo deberían ser pagados íntegramente por el causante, pero éste debería ser el único recurso a tomar.

No hay “externalidades cuando los daños medioambientales han de pagarse. En ninguna parte puede encontrarse una base racional para los gritos pidiendo regulaciones. La presión política de los descontentos con la respuesta ante el vertido debería centrarse en asegurarse de que BP paga todos los daños, no en tratar de conseguir más regulaciones e intervenciones públicas injustificadas.





Eric Perkerson es estudiante de matemáticas y economía en la Universidad de Georgia.

[1] “The BP Oil Spill's Lessons for Regulation”, “Overconfident and Underregulated”, “The BP Oil Spill and American Capitalism”, “The Regulation Crisis”, “Gulf Oil Spill and Wall Street Bankers: Disasters of Self-Regulating Capitalism”, “FDR Was Right, Reagan Was Wrong — More Obvious than Ever Now”.

[2] “How Soon Until the Free Market Stops the Oil Spill?”, “BP Oil Spill: Conservatives Start Fire Then Blame Obama For Not Putting It Out”, “Emil Guillermo on the BP Spill: Don't Blame Big Government–Blame the Free Market”.

[3] Ver “Nothing Outside the State” y “Nothing Outside the State II”, de Robert Higgs.

[4] Ludwig von Mises, Burocracia, p. 50 (de la versión en inglés).

[5] El término “racional” no implica un juicio de valor sobre los fines de la propia actividad económica. Más bien, como decía T.J.B. Hoff,

La actividad económica en cualquier sociedad, independientemente de su marco y forma, debe seguir “el principio económico”, por el que se entiende que uno busca obtener el mayor resultado posible en relación con el gasto (el menor sacrificio posible). Finalmente, uno se encuentra en terreno seguro (objetivo) manteniendo que es indispensable el estudio para seguir “el principio económico” y para juzgar si la política económica que se sigue es consistente. Aceptemos estos principios y también aceptaremos a necesidad del cálculo económico.

Ver su Economic Calculation in the Socialist Society, p. 11.

[6] A menudo se afirma que a causa de los costes de transacción, una solución de derechos de propiedad no funcionaría para problemas como éste. Sin embargo, debemos preguntar por qué la presencia de altos costes transaccionales debería ser simplemente ignorada al considerar la política. Esto tiene tanto sentido como argumentar que los costes de transporte no deberían reflejarse en precios “ideales” y que el gobierno debería subvencionar completamente todos los costes de transporte.
Published Thu, Aug 5 2010 5:02 PM by euribe



Top Top
  Profile  WWW 

Fri Aug 06, 2010 7:43 pm

 
Online
Community Manager
User avatar
Joined: Sat Jul 24, 2004 6:24 pm
Posts: 66762
Location: San Isidro

Dar una oportunidad al capitalismo

Por Kel Kelly. (Publicado el 4 de agosto de 2010)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí http://mises.org/daily/4612.

En el mundo actual es habitual suponer que el capitalismo está, en el mejor de los casos, fuera de control y, en el peor, que es directamente malvado. Todos saben que causa la mayoría de nuestros problemas financieros, económicos y sociales y que necesitamos un árbitro (el gobierno) para asegurarnos de que todo es justo y que nosotros, los inocentes ciudadanos, no nos vemos relegados por compañías y capitalistas depredadores.

Por supuesto, la realidad es que todos se equivocan.

Mi objetivo urgente al escribir The Case for Legalizing Capitalism era crear una refutación completa de todos los argumentos anticapitalistas utilizando la simple lógica económica y aplicando los argumentos del libre mercado (es decir, liberales clásicos) y las leyes económicas a la escena política actual, a lo largo de todo el espectro político. En resumen, el objetivo era condensar el mundo del Instituto Mises en un libro.

Durante mi estudio de la economía del libre mercado durante años, se me ocurrió que este fascinante razonamiento económicamente sólido sobre cómo funciona realmente el mundo y qué ayudaría de verdad a nuestras vidas se explicaba ampliamente en el mundo procapitalista de tipo académico, mientras que la gente en general desconocía completamente estas asombrosas ideas.

Quería explicar los mercados libres en inglés corriente al ciudadano medio, de forma que pudiera entender qué políticas públicas le ayudan o le dañan y, en consecuencia, que pudieran votar de forma que mejoren sus vidas.

Mi mensaje principal es que la mayoría de nuestros problemas económicos derivan de la intervención previa del gobierno en la economía. En sus intentos por “ayudarnos”, el gobierno ha gestionado y regulado la economía y aprobado leyes que parecían constructivas pero en realidad dañaban a la economía y a nosotros mismos.

La realidad de la economía política está repleta con la ley de las consecuencias no pretendidas. Nuestros problemas económicos son resultado natural de fuerzas políticas, no resultado natural de fuerzas del (supuestamente malvado) mercado. Hemos votado que existan nuestros problemas actuales eligiendo a políticos que prometieron ayudarnos mediante la intervención y la regulación económica.

Como saben los austriacos, la mayoría de la gente cree que tenemos mercados libres, pero no los tenemos. Esto es verdad a pesar del hecho de que políticos de todo pelaje (y la mayoría de los medios) afirman que sí. El gobierno tiene mano en toda compañía y toda industria de la nación, controlando qué cosas se producen y con qué medios. De hecho, incluso manipula directamente los precios de mercado y la producción.

Los expertos de la izquierda ridiculizan a quienes califican como “socialismo” a esa manipulación y control del gobierno, pero en realidad es precisamente eso. El socialismo implica el control del gobierno de los medios de producción y su propósito real es redistribuir la propiedad en beneficio de la “sociedad” (siendo la sociedad los receptores, no los aportantes). Controlar la producción y redistribuir la riqueza son precisamente los objetivos y justificaciones de nuestra constante intervención gubernamental en la economía.

Pero esta constante “ayuda” mediante el intento de “gestionar” a generado un constante declive en nuestra capacidad de producir riqueza real y por tanto de mejorar nuestros niveles de vida. Ahora mismo, vemos un constante aumento en la riqueza de los ricos, una mejora moderada en la riqueza de la clase media y un estancamiento en los niveles de vida de los pobres. Como ha ocurrido en otros países en distintos momentos de la historia, estamos a punto de retroceder económicamente.

Reparen en esta notable paradoja: la mayoría de los ciudadanos ponen su fe en el gobierno, la entidad que nos roba, causa guerras, encarcela y mata de hambre a ciudadanos inocentes y es un monopolio absoluto, para proveernos y mantenernos seguros.

Al mismo tiempo, ven a las empresas, que han erradicado enfermedades y hambre, se han dedicado a los intercambios pacíficos en lugar de a la guerra, producido prácticamente todo lo que poseemos y disfrutamos actualmente, nos pagan nuestros salarios y no ofrecen capital para mejorar nuestra productividad, al tiempo que se ven restringidas por competidores hambrientos (en los mercados libres), como nuestros enemigos ante los que necesitamos protección. Estos prejuicios comunes pero irracionales a favor del gobierno y en contra de las empresas son el verdadero fundamento de los argumentos defendidos por los “pensadores” anticapitalistas profesionales.

Aún así, cuando se ha permitido florecer al capitalismo hasta alcanzar un grado moderado ha tenido éxito en mejorar las vidas de todos los afectados: ricos, pobres, negros, blancos, hombres o mujeres. Sólo el capitalismo con sus mercados verdaderamente libres y verdadera libertad para los individuos puede resolver nuestros problemas económicos y traer la prosperidad.

El “capitalismo” no es ni la economía del bienestar corporativo del capitalismo nepotista de la derecha ni la economía del bienestar social de la redistribución de la riqueza que tenemos hoy. En una sociedad verdaderamente capitalista las empresas nunca reciben dinero o privilegios especiales del gobierno: tienen éxito si agradan a los consumidores ofreciéndoles lo que éstos quieren y fracasan si no es así. Por la misma razón, en una sociedad verdaderamente capitalista, los individuos nunca reciben privilegios especiales o transferencias de pagos. En su lugar, tienen abundancia de empleos y de salarios ajustados al valor de su trabajo (más que un “salario de subsistencia”).

La economía real (es decir, la economía del libre mercado) prueba que bajo el capitalismo son virtualmente imposibles cosas como la inflación, la escasez, auges y declives, recesiones, desempleo, hambre y sanidad inasequible. La competencia y la amenaza de competencia sirven como trabas inevitables para las compañías. Por un lado, impiden que paguen salarios bajos, cobren mucho u ofrezcan poco. Por el otro, garantizan los productos más seguros, de menor precio y de más calidad que puedan producirse en cualquier situación tecnológica y de desarrollo concreta.

The Case for Legalizing Capitalism empieza con los conceptos básicos de economía, explicando trabajo, producción, intercambio, ahorro, comercio y progreso económico. Entretanto, se refutan muchos argumentos anticapitalistas comunes: que la mano de obra es explotada, que es “natural” algún desempleo involuntario, que la externalización es dañina, que deberíamos “comprar americano”, que necesitamos “independencia energética”, que los talleres clandestinos y la manos de obra infantil deberían eliminarse, que hay una amenaza económica de China y que los trabajados o las empresas deberían estar protegidos.

En la segunda sección, tras haber ofrecido una explicación completa de cómo funcionan los mercados libres, analizo cómo el gobierno ha interferido en el mercado y causado los mismos problemas de los que normalmente se acusa al libre mercado. Se hace un examen pormenorizado de la banca y el ciclo económico para demostrar que nuestro sistema bancario patrocinado por le gobierno es artificial, innecesario y la única fuente de nuestras crisis y recesiones económicas.

Además, explico por qué nuestras industrias más perjudicadas (incluyendo sanidad, líneas aéreas y petróleo) funcionan tan ineficazmente y por qué regulaciones como controles de precios, monopolios otorgados por el gobierno, restricciones a la producción y la prohibición de competencia entre empresas y de libre intercambio entre empresas y consumidores sólo daña a estos últimos (es decir, a todos nosotros) y beneficia a compañías selectas favorecidas por el gobierno.

En la tercera sección, compara los resultados históricos de la gestión del gobierno frente a los mercados libres. Analizo varios “casos de estudio” en mercados relativamente libres que fueron arruinados por la manipulación y el control de los gobiernos, incluyendo la Gran Depresión, la caída del imperio romano y la transición de varios países al comunismo.

Luego, mediante comparaciones de países libres con países no libres demuestro desde un punto de vista empírico y estadístico la correlación directa entre mercados libres y niveles de vida más altos. También en esta sección examino el concepto de corporación malvada para revelar que las empresas (salvo que el gobierno les autorice a hacerlo) no sólo no pueden dañarnos, sino que sólo pueden beneficiarnos.

En la cuarta sección me sumerjo en varios temas especiales: moralidad, guerra y ecologismo. Un principio central de la promoción izquierdista del socialismo es que éste es moral, mientras que el capitalismo es inmoral. No sólo demuestro que esto es completamente opuesto a la realidad, sino que revelo que los socialistas son hipócritas, deshonestos, ladrones y perjudican a quienes supuestamente tratan de ayudar (normalmente a sí mismos). En una larga subsección, me ocupo con detalle de las causas y soluciones de la pobreza.

Las ideas de que la mayoría de las guerras son necesarias, que nos mantienen a salvo y que están justificadas se refutan en detalle mediante ejemplos históricos. Además de ofrecer un fuerte alegato a favor de la secesión de grupos individuales o áreas geográficas de sus dirigentes nacionales actuales, también desarrollo argumentos propios originales defendiendo el antipatriotismo y el desmantelamiento intencionado de países concretos, incluyendo el nuestro.

Finalmente, debido a los populares sentimientos “verdes” que han amenazado con detener o retroceder en nuestro progreso económico, defiendo que, primero, el medio ambiente está en mejor estado de lo que creemos (¡y está mejorando!) y, segundo, que sea real o no el calentamiento global, estaríamos mejor aumentando, no disminuyendo, las emisiones de carbono.

En la última sección del libro reúno todo el conocimiento obtenido hasta ahora para permitir al lector evaluar nuestras políticas sociales y económicas, así como la errónea visión actual del capitalismo en el mundo. Rebato los argumentos básicos y más importantes del keynesianismo (incluyendo la idea de que el PIB es un indicador económico relevante), demostrando que el mundo actúa de forma opuesta a la que indican los economistas actualmente más reconocidos. Finalmente, explico titulares de noticias e historias populares en términos de su significado político y económico real, ideas que normalmente se ocultan debido a una falta de conocimiento económico por parte tanto de escritores como de lectores.

Los temas principales en el libro incluyen ideas como

1. La regulación normalmente no protege a los consumidores, sino que simplemente beneficia a un grupo a costa de otro;
2. Redistribuir la riqueza no puede beneficiar a los receptores a largo plazo, sino que sólo les perjudica;
3. Los políticos no pueden ayudarnos económicamente, no tienen ni idea de lo que están haciendo y de todas formas no les importa, pues su objetivo es simplemente comprar votos vendiendo la propiedad de otros.

Más importante es que argumento que si como ciudadanos entendiéramos mejor la causa y el efecto económico real, no sólo tendríamos el poder de exigir políticas beneficiosas a nuestros políticos, sino que, como nos darían lo que quisiéramos si les ponemos en el poder, podríamos forzarles a permitir la libertad y así mejorar las vidas de todos.

Espero que disfruten el libro, que ofrezca algo de “luz” real y que sirva en alguna medida a ayudar a dirigir la marea contra el destructivo pensamiento de progreso antihumano tan preeminente en el mundo de hoy.





Kel Kelly ha trabajo más de 13 años como inversor en Wall Street, analista de finanzas corporativas y director de investigación de una empresa de consultoría de gestión Fortune 500. Los resultados de sus análisis financieros se han presentado en CNBC Europe, y en las ediciones en línea de CNN, Forbes, BusinessWeek y el Wall Street Journal. Kel es licenciado en economía por la Universidad de Tennessee, MBA por la Universidad de Hartford y doctor en economía por la Universidad estatal de Florida. Vive en Atlanta.
Published Thu, Aug 5 2010 4:57 PM by euribe



Top Top
  Profile  WWW 

Fri Aug 06, 2010 7:42 pm

 
Online
Community Manager
User avatar
Joined: Sat Jul 24, 2004 6:24 pm
Posts: 66762
Location: San Isidro

¿Puede la Fed tener éxito en su estrategia de salida?

Por David Howden. (Publicado el 3 de agosto de 2010)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/4570.



El Banco de la Reserva Federal de Minneapolis ha entrevistado recientemente al macroeconomista Robert Hall en el número de junio de su revista trimestral, The Region. Sus palabras sobre la capacidad de la Reserva Federal de presentar una estrategia de salida para volver atrás en sus políticas no convencionales son claras y evidentes: “Hay dos aspectos en la estrategia de salida: Pagar el interés de las reservas y reducir las reservas a los niveles normales. Ambos son completamente seguros, así que es indiscutible”.

Antes de ocuparnos de la cuestión de si la estrategia de salida es realmente “completamente segura” o “indiscutible”, debemos ocuparnos de las características de estos dos componentes.

Al empezar la crisis del crédito a finales de 2008, la Reserva Federal inundó de liquidez el sistema bancario. La Fed compró activos problemáticos a cambio de dinero. Como el sistema bancario no estaba preparado para prestar de inmediato este dinero nuevo, las reservas del sistema aumentaron enormemente. Al tiempo, la Fed empezó a pagar intereses sobre estas reservas para eliminar el incentivo para que se usaran siempre. En teoría, al eliminar el incentivo para prestar reservas, la inflación de precios se minimizaría: los bancos no se verían restringidos por sus préstamos dudosos y activos malos y la Fed mantendría su credibilidad como “luchadora contra la inflación”.

El resultado fue inmediato y efectivo. Al eliminar de sus balances los activos malos, los bancos no se vieron forzados a situaciones de venta a cualquier precio de sus activos para mantener los niveles de capital exigidos por la regulación. Al mismo tiempo, la Fed podía salvar al sector bancario a través de un aumento en el crédito disponible sin causar nuevas presiones inflacionistas.

Mientras que los efectos a corto plazo eran aparentemente beneficiosos y estaban controlados, la visión a largo plazo es mucho más incierta.

La inyección de liquidez de la Fed se realizó emitiendo crédito a los bancos y simultáneamente comprando activos de riesgo (es decir, subprime) del sector bancario. Mientras el balance del sector bancario se inflaba con dinero y equivalentes, el propio balance de la Fed mostraba un acusado aumento en los mismos activos tóxicos que estaba sacando del sistema bancario. Como advirtió recientemente Philip Bagus, la Fed se ha convertido en exactamente el tipo de “banco malo” que había tratado de rescatar.

El gráfico siguiente muestra el crecimiento del balance de la Fed durante la crisis.

Image
Figura 1: Préstamos al sistema bancario iniciados por el Sistema de la Reserva Federal. Fuente: Estadísticas de la Reserva Federal emisión H.4.1.

Algunos de los programas aplicados se autoliquidaban y ahora suponen un peligro mínimo para el sistema financiero (me vienen a la mente los swaps de liquidez del banco central, al igual que la provisión de liquidez de fondos mutuos en el mercado de dinero). Otros programas han continuado creciendo y no pueden retirarse tan fácilmente. Se han comprado más de 1,1 billones de títulos con garantía hipotecaria desde el 1 de marzo de 2009. Estos activos, normalmente clasificados como subprime, son de calidad cuestionable (con activos totales de casi 2,4 billones de dólares el 1 de julio de 2010, casi la mitad de los activos totales de la Fed son subprime). Más problemático es que estas hipotecas no pueden valorarse apropiadamente hasta que se vendan a un comprador dispuesto a ello, compradores que cada vez se encuentran con menos oferta.

Esta “flexibilización cualitativa” (la compra de activos de baja calidad al sector bancario a cambio de activos de alta calidad del banco central) persistió hasta que los bancos centrales carecieron de activos de alta calidad para continuar la política. Fue sólo en este momento cuando se inició la política más evidente de “flexibilización cuantitativa”.

Philip Bagus y yo hemos estado entre una minoría de economistas que ha señalado la existencia de esta política (tanto por la Fed como por el Banco Central Europeo) y, lo que es más importante, sus perjudiciales ramificaciones. Las implicaciones a largo plazo de esta política se están haciendo ahora evidentes.

A medida que la Fed sacaba estos activos tóxicos del sistema bancario, se compensaba emitiendo cantidades mayores de títulos de la Reserva Federal, o sea, dinero. Al ofrecer un pago de intereses sobre las reservas, se incentivaba a los bancos a mantener esta nueva liquidez, anulando así cualquier efecto inflacionista que pudiera causar inmediatamente la política. Y como advierte correctamente Robert Hall, una estrategia de salida que tiene ahora la Fed es el pago continuo de intereses sobre estas reservas. Mientras los bancos puedan mantener con beneficios los 1,1 billones de dólares extra de la base monetaria que ha creado la Fed desde agosto de 2008, no aparecerán nuevas presiones inflacionistas.

La realidad puede ser muy diferente de lo que sugiere la teoría de Hall, Como nuestra el siguiente gráfico, el sistema bancario recibe ahora alrededor de 230 millones de dólares todos los meses por no hacer nada más que mantener los activos que recibió pasivamente a cambio de sus títulos hipotecarios de baja calidad.

Image

Figura 2: Intereses pagados mensualmente por el Sistema de la Reserva Federal sobre reservas. Fuente: Consejo de Gobernadores de la Reserva Federal emisión H.3.

Tres mil millones de dólares al año en pagos de intereses es una gran porción de los beneficios operativos anuales de la Fed. Los receptores (las grandes y no tan grandes entidades bancarias de Estados Unidos) están ahora mucho menos acuciadas por los préstamos subprime de lo que lo estaban hace dos años. El durante cuánto tiempo más puede la Fed dar al sector bancario miles de millones de dólares para mantener las reservas es algo cuestionable. Políticamente, parece poco probable que los estadounidenses continúen apoyando estos pagos. Económicamente, la Fed está perdiendo una gran parte de sus beneficios operativos con estos pagos.

A pesar de estos aspectos preocupantes, la situación subprime del sistema bancario se está aliviando. La Fed continúa su política de comprar esos títulos con garantía hipotecaria al sector bancario para mantener la estabilidad. Es una demostración de fuerza, un intento de demostrar que la Fed tiene un control completo de la situación.

Sin embargo, control completo es exactamente lo que tiene la Fed. La estrategia de salida alternativa, si tiene que mantenerse la estabilidad financiera sin una inflación desbocada, es para la Fed simplemente intercambiar los activos “malos” de su propio balance por los activos “buenos” del sistema bancario.

Aquí reside el problema. La presiones inflacionistas podrían neutralizarse si el valor agregado de los activos originalmente adquiridos por la Fed es equivalente al valor agregado de los activos ahora devueltos. Nos debería tranquilizar saber que al menos una de estas cifras se conoce con cierto grado de exactitud. El efectivo que ahora está en reservas, y principalmente en reservas extraordinarias, en el balance del sistema bancario puede valorarse a la par: más o menos hay 1,1 billones de dólares esperando en las bandas a que los reabsorba la Fed.

El valor de los títulos con garantía hipotecaria que tiene la Fed es mucho menos seguro. Aunque el valor que aparece en su balance es de 1,1 billones de dólares, deberíamos tener en cuenta que la Fed esta valorando sus cuentas basándose en el valor facial de estos títulos. Este billón de dólares mal contados representa el pendiente de esta deuda, que está garantizado por Fannie Mae, Freddie Mac y Ginnie Mae. Aunque los activos pueden haber sido adquiridos originalmente por la Fed por esta cantidad anotada, el mantenimiento de este valor es dudoso.

¿Con qué descuento se venden hoy los títulos garantizados y compuestos por salones de juego en Las Vegas y apartamentos de alquiler en Miami? No lo sabemos con seguridad, y lo que es peor, no sabremos con qué descuento se venden el billón de dólares de estos títulos hasta que el mercado encuentre compradores. Presumiblemente, la Fed compró los activos de calidad más baja que tenía el sistema bancario: eliminar los activos más “tóxicos” para ayudar a alcanzar los niveles de capitalización bancaria. Sabiendo que ahora la Fed tiene los activos más tóxicos de los subprime que pudo crear el sistema bancario durante los locos 2000 debería generarnos algo de preocupación.

¿Qué pasa entonces con la estrategia de salida de la Fed? Ben Bernanke y Robert Hall, junto con multitud de banqueros centrales y economistas han resaltado que no hay ningún problema técnico para deshacer estas posiciones. Esto es teóricamente cierto, hasta que aparece la verdad.

Cualquier swap de sus activos subprime realizado por la Fed contra las reservas extraordinarias del sistema bancario generará algún grado de inflación si los valores no coinciden. Puede estimarse un mayor o menos salto en la inflación a partir de este diferencial.

El nivel superior es el resultado, como han advertido varios comentaristas como Robert Murphy, si la Fed no hace nada para gestionar las reservas extraordinarias. En este caso, la Fed habría creado el equivalente a 1,1 billones de dólares de inflación.

Lo que es más importante, podemos estimar el nivel inferior de la inflación creada por la Fed. El diferencial de valor entre las reservas extraordinarias en el sistema bancario y los activos subprime en poder de la Fed seguirían indefinidamente en el sector bancario. Como la Fed sólo puede recomprar de las reservas del sistema bancario en un valor igual al de sus activos disponibles, cualquier caída en el valor de sus propios activos generará que se mantengan reservas extraordinarias en manos del sector bancario, esperando a manifestarse en inflación de precios cuando se acaben utilizando.

Ni el nivel superior ni el inferior parecen particularmente atractivos.

El aspecto positivo de todo esto puede ser que las presiones inflacionistas tengan que esperar a otro momento. La Fed no aplicará ninguna estrategia de salida hasta que el sector bancario recupere pie, para evitar que empeore una situación delicada. Con varios bancos entrando en suspensión de pagos cada semana, la Fed no está en situación de empezar a eliminar ninguna de sus políticas contables pensada para ayudar al sector en peligro.

Hasta que llegue el día en que la Fed considere que el sector bancario puede sostenerse por sí mismo (ya sea recuperando sus hipotecas subprime o sin pagar interés sobre sus reservas) la presión inflacionista sobre los precios permanecerá baja. Pero cuando la Fed acabe decidiendo eliminar sus posiciones subprime en sus balances, los empresario tendrán que actuar en una época de incertidumbre respecto de la inflación de precios que pueda haber en el futuro.





David Howden es profesor auxiliar de economía en la Universidad de St. Louis en su campus de Madrid y ganador del Premio Douglas E. French del Instituto Mises.

Published Wed, Aug 4 2010 5:43 PM by euribe



Top Top
  Profile  WWW 

Fri Aug 06, 2010 7:40 pm

 
Online
Community Manager
User avatar
Joined: Sat Jul 24, 2004 6:24 pm
Posts: 66762
Location: San Isidro

ACTA: La guerra contra el progreso, la libertad y la civilización humana

Por Gennady Stolyarov II. (Publicado el 3 de agosto de 2010)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí http://mises.org/daily/4593.

Se está negociando actualmente un tratado internacional clandestino entre partes que incluyen a Estados Unidos, Canadá, Nueva Zelanda, la Unión Europea, Japón, Singapur y Marruecos. Puede calificarse con justicia como la mayor amenaza de nuestro tiempo al avance de la civilización humana. Considerando la magnitud de otros abusos del poder que abundan hoy en el mundo, podría parecer una exageración, pero el Anti-Counterfeiting Trade Agreement (ACTA) contraviene todos los principios de la sociedad civilizada, tanto en su contenido como en la naturaleza de los precedentes que llevaron a su creación.

Amenaza con deshacer los logros de la gran revolución de Internet y empujar a la humanidad hacia atrás a un tiempo en que los individuos no tenían voz pública ni poder de contrarrestar a las instituciones mercantilistas privilegiadas políticamente. El ACTA pisotea derechos esenciales que incluso han logrado el reconocimiento generalizado: la inocencia hasta que se pruebe la culpabilidad, proceso debido, privacidad personal y uso justo de contenidos publicados. Además, con su designación como acuerdo comercial, el ACTA podría imponerse al pueblo de los Estados Unidos por el presidente, sin ni siquiera una votación del Congreso.

Puede encontrarse excelente información sobre el ACTA en posts de Stephan Kinsella (aquí y aquí) y Justin Ptak (aquí), así como un comunicado detallado de la Facultad de Derecho de la Universidad de Washington. El primer texto de borrador oficial del ACTA sólo se hizo público el 20 de abril de 2010, a pesar de que el tratado se ha venido negociando desde 2006. Se filtró un posterior borrador el 1 de julio de 2010. El 22 de mayo de 2008 apareció en WikiLeaks un borrador previo. De hecho, el extremo secreto con el que se han llevado las negociaciones del ACTA debería generar las mayores dudas acerca de los méritos y la deseabilidad de las intenciones de sus promotores.

Las solicitudes relacionadas con el ACTA basadas en la Ley de Libertad de Información han sido denegadas en Estados Unidos bajo la justificación de la “seguridad nacional”, aunque a los principales grupos de interés que apoyan la propiedad intelectual se les ha permitido accesos privilegiados a las negociaciones. Estos grupos incluyen a los sospechosos habituales, la Recording Industry Association of America (RIAA), la Motion Picture Association of America (MPAA), Sony Pictures y Time Warner, que fueron invitados nada menos que por el Representante del Comercio de Estados Unidos a dar su “opinión” sobre el tratado.

Los miembros del pueblo en general, a quienes se supone ostensiblemente que representan los gobiernos nacionales, no han estado autorizados a conocer las negociaciones del ACTA durante años. Entretanto, los asientos delanteros de la mesa de negociaciones se han ofrecido a las organizaciones parasitarias que han acabado con la libertad real de los creadores a arruinado las vidas de miles de personas con sus demandas improcedentes de millones de dólares.

Aquí me limitaré a resumir los abusos más destacados que aparecen en este tratado, pero animo a los lectores a aprender tanto como puedan acerca de este acuerdo verdaderamente totalitario, Mi otro objetivo actual es demostrar el enorme peligro que encierra el ACTA: amenaza con devolver a la civilización humana de vuelta a la Edad Oscura preelectrónica.

La provisiones del ACTA amplificarían las ya onerosas de la Digital Millennium Copyright Act (DMCA) de 1998. Antes de la DMCA, vulnerar el derecho de autor era una falta civil: si el poseedor de “derechos de propiedad intelectual” sobre una obra no estaba de acuerdo con su distribución no autorizada, podía demandar al “infractor” en los tribunales. La DMCA criminalizaba la vulneración del derecho de autor y ha sometido a miles de creadores inocentes a avisos de retirada notorios y no justificados, pero mantenía importantes protecciones para consumidores individuales y proveedores de servicios de Internet (ISP, por sus siglas en inglés). Por ejemplo, las provisiones de “puerto seguro” de la DMCA absolvían al ISP de responsabilidades de cualquier vulneración del derecho de autor por parte de sus clientes. El ACTA eliminaría esta protección y obligaría al ISP a convertirse en un brazo armado del tratado, bajo amenaza de que los propios ISP serían multados o cerrados si no obedecen.

Bajo el régimen actual de derecho de autor, al poseedor de “derechos de propiedad intelectual” se le requiere al menos formalmente que recoja evidencias de cualquier infracción y presente una queja formal. Con el ACTA, se eliminaría este requisito y el poseedor de “derechos de propiedad intelectual” ni siquiera tendría que quejarse para que los gobiernos persigan al supuesto infractor.

Es fácil de entender lo absurdo de esta postura. De hecho, hoy muchos propietarios de derechos de autor (desde estrellas de la música a creadores de contenidos en línea a tiempo parcial) miran deliberadamente hacia otro lado cuando otros reproducen su obra sin permiso previo: esperan beneficiarse de la exposición resultante. Bajo el ACTA, los gobiernos podrían atacar a los fans de esos creadores, ¡contra los propios deseos de esos creadores! Incluso aceptando la validez de los derechos de propiedad intelectual (cosa que yo no hago), ¿quién sería entonces el poseedor de los derechos, los creador o los gobiernos y las grandes asociaciones comerciales políticamente privilegiadas que están apoyando este tratado?

Bajo el ACTA, li mera sospecha o suposición de haber descargado o incluso accedido a material con derechos de autor en línea permitiría buscar en nuestro ordenador sin autorización judicial. Se aplicarían multas y otras sanciones por rechazar autorizar una búsqueda, aunque cualquiera que consienta un busqueda casi indudablemente sería culpable de alguna “infracción”. Bajo el ACTA, incluso ver un sitio web que contenga material que infrinja los derechos de autor (sin que quien lo vea sepa de la existencia de dicha infracción) sería considerado como auxiliar e incitador al incumplimiento.

Además, el ACTA consideraría a los individuos sujetos de investigaciones y sanciones incluso por la sospecha de poseer materiales que podrían haberse obtenido a través de canales de distribución que sean similares a los utilizados para obtener copias no autorizadas. Así que si alguna vez descargamos un fichero mp3 gratuito de un artista que comparte toda su obra en línea gratis, podríamos no estar a salvo. Y esto no se aleja demasiado de los que quieren los impulsores del ACTA. Recordemos que, con la fuerza de la ley de EEUU de su lado, la RIAA ni siquiera permite a artistas no miembros ofrecer sus propios trabajos gratis en ciertos canales, como la radio por Internet. Esta organización (el epítome del mercantilismo y el proteccionismo para los grandes estudios con conexiones políticas) disfrutaría de nada menos que de la muerte de los contenidos compartidos en línea libre y legítimamente.

Igualmente importante es recordar que la gente que nunca infringe el derecho de autor de nadie tiene la misma probabilidad de sufrir el ACTA, particularmente si tienen algo inteligente y controvertido que decir en línea. Si hay algo que nos enseña a historia de las notificaciones de abusos de la DMCA, es que las expresiones sofisticadas de ideas nunca están a salvo de demandas maliciosas y artificiales de infracción de los derechos de autor.

Miles de creadores en YouTube, cuyos trabajos no contienen materiales con derechos de autor, han recibido durante años avisos de borrado de la DMCA por parte de fanáticos que se están muy en desacuerdo con sus ideas. El sistema respuesta automático mecánico de YouTube a los avisos de la DMCA ha hecho que las cuentas de estos creadores se hayan suspendido y a veces directamente borrado, incluso cuando sus acusadores violaban claramente la ley aportando acusaciones injustificadas. Bajo el acta estas mismas acusaciones injustificadas pueden ocasionar mucho más que el borrado de la cuenta del vídeo: los gobiernos asumirían el papel de aplicadores y (a juzgar por los precedentes como la guerra contra las drogas y las “seguridad en los aeropuertos”) pueden estar seguros de que no serán ni de lejos tan escrupulosos con los derechos individuales como YouTube.

Aunque el actual tratamiento de la propiedad judicial por parte de nuestro sistema judicial ha sido indudablemente defectuoso, cuando se compara con el ACTA, el un ejemplo relumbrante de respeto por los derechos individuales. A lo largo de los años, los tribunales han detallado una serie de excepciones al derecho de autor en su utilización para proteger a os individuos que pretenden utilizar partes de material para investigación, enseñanza, sátira y debate, entre otros fines dignos de mención. El ACTA restringiría mucho el ámbito del uso justo y en buena parte eliminaría estas cuestiones de nuestros sistemas judiciales nacionales y las trasladaría a un cuerpo normativo internacional creado específicamente por el tratado.

Bajo el sistema actual, al menos existe la esperanza de que otros objetivos políticos perseguidos por los mismos entes públicos (como el crecimiento económico y el comercio semilibre) puedan imponerse a medidas draconianas sobre infracciones de dudosa calificación. Pero una organización dedicada principalmente a perseguir a los infractores del derecho de autor no tendría esas consideraciones compensatorias. La teoría de la captura regulatoria sugiere que este ente rápidamente sería tomado para servir a los programas de la RIAA, MPAA y otros parásitos del derecho de autor.

Comentarios concretos de los negociadores del ACTA niegan que gobiernos vayan a usar el tratado para lanzar búsquedas masivas por parte de la policía de fronteras en los ordenadores portátiles y mp3 de los viajeros individuales. Sin embargo, el borrador del tratado y sus discusiones sí contienen provisiones autorizando exactamente este tipo de búsqueda. En indiferente si lo que se pretende o no es dirigirse contra operaciones de “piratería” comercial transfronteriza masiva: donde exista la autorización para realizar ciertos actos contra individuos ordinarios, se invocará en algún lugar, en algún momento, por alguien.

Es verdad que las búsquedas serían dispersas y aplicadas irregularmente: no afectarían a todos en todo momento. Pero la forma correcta de realizar una búsqueda así sería ofrecer una justificación formal para incomodar y sancionar a individuos que pueden disgustar a las autoridades por otras razones, pero quienes, en ausencia del ACTA, no ofrecerían ninguna cusa probable para que se revisaran sus dispositivos. Citando al villano de Ayn Rand en La rebelión de Atlas, el Dr. Floyd Ferris:

No hay manera de gobernar a hombres inocentes. El único poder que tiene cualquier gobierno es el de apresar a los criminales. Bien, cuando no hay suficientes criminales, se crean. Se declaran como delito tantas cosas que resulta imposible a la gente vivir sin vulnerar las leyes. ¿Quién quiere una nación de ciudadanos cumplidores de la ley? ¿De qué nos vale eso? Aprobemos simplemente el tipo de leyes que no pueden cumplirse ni aplicarse o interpretarse objetivamente y crearemos una nación de incumplidores de la ley y luego nos aprovecharemos de su culpabilidad.[1]

No todas las personas verían revisado su portátil o mp3 en la aduana bajo el ACTA, pero la posibilidad de dicha revisión sería una espada de Damocles sobre cada viajero, aplicable bajo el capricho de la autoridad. ¿Se arriesgaría usted a viajar con un dispositivo electrónico bajo un régimen así o se atendría a la más segura pesadez de viajar sin él, como ocurría antes de la edad de la electrónica?

El ámbito del ACTA también se extiende a la esfera de las patentes. El ACTA restringiría mucho la competencia de las medicinas genéricas frente a las grandes marcas más caras, creando aún más monopolios farmacéuticos y convirtiéndose en otra ley que contribuya a los siempre rápidamente crecientes costes de la sanidad. Por ejemplo, si un envío de una medicina genérica viaja del País A (cuyas leyes la autorizan) al País B (cuyas leyes la autorizan) pero resulta pasar por el País C, donde las leyes de patentes, la prohíben, los funcionarios del País C podrían confiscar el envío. Además, los productores de sustancias utilizadas en genéricos que infrinjan patentes podrían ser perseguidos bajo el ACTA, incluso si el uso de su producto en las drogas se produce sin su conocimiento. Igual que cualquier ley que afecte a la disponibilidad de las medicinas, el énfasis de Frédéric Bastiat en los efectos que no se ven es aquí esencial. ¿Cuántas vidas se perderían por la confiscación de medicinas genéricas asequibles y seguras debido al ACTA?

Los lectores que hayan llegado a este punto pueden estar pensando: “Vale, el ACTA va desencaminado y es abusivo en muchos aspectos, pero ¿no es una exageración calificarle de la mayor amenaza a la civilización?” Ahora asumiré el reto de demostrar esta parte más ambiciosa de mi argumentación.

Internet y otras tecnologías personales han salvado los últimos 20 años. En cualquier otro aspecto, las sociedades occidentales en 2010 resultan ser mucho más disfuncionales y tiránicas que en 1990. Recordemos que hace 20 años se estaba desmoronando el totalitarismo en el bloque soviético y empezaba a ser rechazado conscientemente en China; hoy en el propio Occidente, nuestro progresivo totalitarismo avanza al galope. Hace veinte años, podíamos llegar al aeropuerto media hora antes del vuelo, pasar una seguridad somera y apenas perceptible y disfrutar de un vuelo relativamente cómodo. Hoy los aeropuertos están plagados de maquinas que te desnudan virtualmente, mientras que las líneas aéreas rescatadas y subvencionadas infligen múltiples pequeños abusos a los pasajeros.

Incluso la tortura del submarino bajo la administración Bush parece benigna comparada con la prerrogativa que ha asumido la administración Obama de ordenar unilateralmente el asesinato de cualquier persona (incluidos ciudadanos estadounidenses) por la mera sospecha de actividad terrorista. Las enmiendas Primera, segunda, Cuarta, Quinta y Décima de la Constitución de EEUU han sufrido graves abusos que habrían sido impensables en 1990. Entretanto, grandes segmentos de la población continúan pensado que todo esto es correcto por nuestro propio bien. Sin embargo, sin Internet la mayoría de estos abusos simplemente se habrían silenciado, como probablemente se ha hecho durante la mayoría de la historia humana.

Las acciones de los gobiernos nacionales no han sido los únicos signos de deterioro durante los pasados 20 años. En 1990, las grandes empresas occidentales aún mantenían una apariencia de competencia y se centraban en satisfacer los deseos de los consumidores; hoy, la mayoría hacen cola para ser rescatadas. Han renunciado a innovar y rechazan ajustar estructuras institucionales obsoletas para aprovechar las nuevas posibilidades tecnológicas. Como es previsible, empezaron a quebrar.

En prácticamente todos los aspectos de la vida (transportes, finanzas, ocio y educación) los individuos empezaron a buscar proveedores con más visión de futuro y más fiables y esto se ha visto ayudado grandemente por Internet. Incapaces de competir en el libre mercado potenciado tecnológicamente, las viejas instituciones clamaban cada vez más por una protección política.

De hecho, el ACTA es en sí misma un ejemplo de esta tendencia. La obsoleta industria del entretenimiento de Hollywood (con sus gigantes discográficas devoradoras de capitales, estudios de cine y cultura de servir basura embrutecedora del mínimo denominador común a tanta gente como le sea posible) se ve incapaz de competir con un nuevo paradigma donde los creadores y los consumidores individuales están realmente al mando.

En la nueva cultura, las barreras de entrada son mucho menores, las tecnologías para divulgar el arte y el entretenimiento son mucho más accesibles y existen numerosos nichos de mercado para consumidores sofisticados que rechazan la vacua y conformista cultura de masas divulgada por las empresas de entretenimiento existentes.

La aparición de los sitios de vídeo en línea y la licencia Creative Commons ha llevado aún más a la irrelevancia a organizaciones como la RIAA y la MPAA. Pero al igual que lo bancos y las compañías de automóviles del establishment estadounidense, estas organizaciones no se adaptarán a las nuevas realidades tecnológicas, tampoco se retirarán dignamente. Prefieren mantenerse como los vampiros, perpetuándose chupando la sangre de la economía y manteniendo férreamente cualquier vestigio del desperdicio y la ineficiencia que llevó al actual aprieto económico. Los políticos, sabiendo de dónde vienen las contribuciones a sus campañas, están muy felices de cumplir y convertir los viejos acuerdos institucionales en leyes. El ACTA es el TARP del establishment del entretenimiento.

La cultura libre y gratuita de Internet tiene el potencial de debilitar y acabar eliminando el abrazo asfixiante de las viejas instituciones en las sociedades occidentales. En “The Effects of the Economic Crisis on Young People” explico que la prometedora nueva generación debería crear una economía alternativa utilizando Internet y la tecnología personal para inmunizarse ante los ataques de las empresas rescatadas y las autoridades monetarias inflacionistas. Pero si esta cultura de la actividad creativa en Internet es acallada por el ACTA, las instituciones vampiro podrían persistir eternamente.

No sería la primera vez en la historia en que el estancamiento y la decadencia caracterizan eras enteras. El antiguo Egipto, los imperios romano y bizantino, la Edad Media europea, la Francia borbónica y la Unión Soviética son unos pocos ejemplos; las instituciones obsoletas y parasitarias, con fuerza suficiente, pueden arruinar las vidas de múltiples generaciones antes de derrumbarse finalmente bajo la opresión de su propio peso.

Es verdad que el ACTA no acabaría totalmente con Internet, al menos no directamente. Pero si incluso los usos rutinarios de Internet (sin mencionar tratar de desarrollar nuevas tecnologías en línea para la creación y distribución de contenido) nos hacen susceptibles de persecución criminal, ¿cuánta gente normal a la que no le gusta el riesgo querrá participar? Ni siquiera haría falta la apariencia de incumplir la ley para verse afectado por el ACTA.

En realidad puede ya verse el modelo de que ocurriría a una escala mucho mayor bajo el ACTA observando loas medidas recientes del gobierno federal de EEUU sobre blogs inocentes y legítimos. El 16 de julio de 2010, las autoridades federales cerraron Blogetery.com, un sitio que alojaba 73.000 blogs, bajo la acusación de que algunos de ellos reproducían material con derechos de autor. Cualquier persona razonable reconocería, por supuesto, que probablemente la mayoría de los propietarios de los blogs no había cometido ninguna infracción, pero sin embargo se eliminaron millones de horas de trabajo humano mediante este nuevo tipo de censura arbitraria y al azar. ¿Invertiría usted tiempo y energía en desarrollar un blog de alta calidad si temiera que fuera destruido en cualquier momento, y no por algo que usted haya hecho?

De alguna forma, dudo que las autoridades federales estén experimentando punzadas de culpabilidad o lamentando estas acciones. Después de todo, es mucho más fácil controlar a una población que sólo tiene acceso a tres canales de noticias por la tarde y que son copias exactas uno de de otro. Bajo el ACTA, los libros quemados por la Inquisición española palidecerían en comparación con el conocimiento humano y el trabajo creativo que se vería erradicado para siempre bajo la razón de aplicar unos dudosos derechos de propiedad.

Preveo que el ACTA generará una guerra en Internet, similar a la guerra contra las drogas. El uso de Internet no desaparecería, pero muchas actividades perfectamente legítimas se relegarían a algún tipo de mercado negro, junto con los consiguientes males del genuino delito físico, el fraude y un estado de naturaleza hobbesiano creado artificialmente. También disminuirá la calidad del producto, pues la gente dirigirá sus esfuerzos más a evitar demandas que a innovar.

El creador en línea sofisticado se convertirá en un delincuente y las que podrían haber sido indudablemente actividades beneficiosas o al menos inocuas pueden verse manchadas en asociación cosas más siniestras, igual que la guerra contra las drogas ha creado nebulizadores criminales con las medicinas para el resfriado. Para la “gente respetable”, Internet no se considerará como el nexo de progreso salvador de la civilización que es, sino más bien otra forma de gansterismo o, como mínimo, un confuso campo de batalla que la gente que busque un poco de estabilidad en sus vidas haría bien en evitar. El estridente efecto resultante en el progreso sería la mayor tragedia a largo plazo concebible en nuestro tiempo.

Debería hacerse algún esfuerzo por parte de todas las partes que se ven efectivamente aterrorizadas ante los abusos que puede producir el ACTA. Por suerte pueden encontrarse muchos aliados de diversos ámbitos y perspectivas intelectuales para esta batalla en concreto. Por desgracia, los defensores del ACTA harán todo lo que puedan para eludir los canales del gobierno y la sociedad civil donde sería posible un debate amplio y completo.

La incapacidad de los parlamentos nacionales de votar sobre el tratado es particularmente preocupante, ya que permite una implantación expeditiva y subrepticia sin la posibilidad de un fracaso político de los defensores del ACTA en razón de sus votos. No queda más opción sino que los miembros de la sociedad se opongan directamente al ACTA directamente empleando cualesquiera métodos de comunicación pacífica y persuasión que estén a su alcance.

Es importante recordar que convencer a otros para que se opongan a este tratado no requiere una conversión intelectual completa al libertarismo en contra de la propiedad intelectual. Aunque personalmente rechazo el concepto de propiedad intelectual, también es posible apoyar la idea general, pero detestar el régimen draconiano que implantaría el ACTA. Espero que la justificación de la propiedad intelectual para la censura y terror a gente inocente desaparezca con el tiempo, pero detener este tratado es un objetivo mucho más urgente y el tiempo apremia. Si el ACTA se atasca o fracasa, entonces quizá la civilización tendrá una oportunidad de pelear.

El objetivo a medio plazo seria que los consumidores, a través de sus elecciones pacíficas y perfectamente legitimadas, hagan que el establishment del entretenimiento deje de existir. Mientras continúen existiendo las instituciones vampiro, continuarán cabildeando a favor de un proteccionismo violento a costa de las libertades individuales básicas. Es el momento de dejar de comprar los productos completamente inanes de estas instituciones y dejar de tener nada que ver son sus productos. Como consecuencia, la cultura mejorará mucho y los creadores autónomos e inteligentes sólo se verán beneficiados.

Deberíamos aumentar deliberadamente el uso y consumo de obras Creative Commons y remunerar a sus productores mediante donaciones y recomendaciones. Muchos creadores verdaderos y respetuosos con el consumidor continúan produciendo bajo el modelo de los derechos autor e inconscientemente lo apoyan, aunque evitando convertirlo en un arma contra los consumidores pacíficos: también su trabajo debe ser alabado. Sin embargo, los tipos que deliberada y conscientemente ayudan a la RIAA, la MPAA y similares deberían dejar de recibir el patrocinio de personas amantes de la libertad que no deseen verse colgados de las cuerdas de sus propias bolsas.

Detener el ACTA es absolutamente indispensable a corto plazo y relegar la propiedad intelectual al vertedero de la historia es un objetivo a largo plazo que merece la pena. Sin embargo, entretanto es importante reconocer que, incluso si se le derrota ahora, el ACTA puede resucitar en otras formas. Es el momento de lanzar una rebelión intelectual contra las organizaciones que nos endilgarían la tiranía del ACTA.





Gennady Stolyarov II es actuario, ensayista filosófico independiente, compositor, matemático aficionado y editor jefe de Rational Argumentator y Progress of Liberty. El Sr. Stolyarov es autor de numerosas guías gratis de estudios sobre economía, matemática avanzada y ciencia actuarial y tiene el nivel más alto posible (Nivel de influencia 10) para un productor de contenidos en Associated Content. Ver sus vídeos en YouTube y los G + W Audio Broadcasts, una nueva serie de de conversaciones intelectuales de Stolyarov y su esposa, Wendy.

[1] Cito a Ayn Rand con pleno conocimiento de su fuerte apoyo a la propiedad intelectual. Sin embargo, estoy convencido de que hay mucho en el ACTA que habría horrorizado a Rand si estuviera viva. De hecho, la oposición acérrima de Rand al totalitarismo probablemente habría hecho de ella uno de sus principales opositores.
Published Wed, Aug 4 2010 5:41 PM by euribe



Top Top
  Profile  WWW 

Fri Aug 06, 2010 7:39 pm

 
Online
Community Manager
User avatar
Joined: Sat Jul 24, 2004 6:24 pm
Posts: 66762
Location: San Isidro

Escrito en el Muro de Berlín: Imágenes del futuro socialista

Por Andy Duncan (Publicado el 20 de julio de 2010)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/4568.

[Pictures of the Socialistic Future • Eugen Richter • LvMI, 2010 • 160 páginas. Esta crítica apareció originalmente en CobdenCentre.org.]



Si alguien me diera un soberano de oro por cada vez en mi vida en que he escuchado una variación de la siguiente frase, entonces, en palabras del Soldado James Frazer, de Dad’s Army, ahora sería un hombre extremadamente rico. Aquí esta la frase general que ustedes también habrán oído:

“El socialismo es una gran idea, pero la naturaleza humana es tan perversa, egoísta y horrible que nadie ha sabido aún cómo hacerlo realidad”.

Hay tantos errores encubiertos en esa simple frase que hay pocos libros que puedan refutarla íntegramente. Uno que acude inmediatamente a la cabeza es El socialismo, escrito por Ludwig von mises en 1922; por desgracia es una obra inmensa y detallada que requiere estudiarse tal vez semanas, meses o incluso años para apreciar en su totalidad.

Sin embargo, he tropezado con otro libro excelente que emplea una aproximación distinta para atacar los mismos errores. Al contrario que El socialismo, la principal belleza de esta alternativa es que dispara a todas las dianas en sólo unas tres horas de agradable lectura.

Nos ocuparemos enseguida del libro, pero examinemos primero los errores.

El primero es que el socialismo es una ran idea. En El socialismo, Mises contesta que incluso si les concediéramos a los socialistas su nuevo hombre socialista completamente concienciado, que recogería felizmente la basura en Sunderland mientras su hermano gemelo es nombrado por el comité de planificación del estado central como estrella de Hollywood, el socialismo es realmente una idea terrible, porque hace imposible el cálculo económico.

Es un argumento sutil, también bien explicado en Economic Calculation in the Socialist Commonwealth, de Mises. Basta con decir que si nos falta un mercado libre en el que la gente pueda expresar sus preferencias de consumo comprando más de lo que le gusta y menos de lo que le disgusta, nunca podremos hacer usar los precios fluctuantes en moneda para descubrir lo mejor que podemos hacer con recursos escasos, dentro de una consecuente estructura de producción de capital, para satisfacer las necesidades de la gente en el mayor grado posible.

Los precios en dinero son en muchas formas una herramienta pobre. Concentran toda la compleja polifacética humanidad en una sola vara de medir de metal precioso. Pero son lo mejor a lo que podemos aspirar, dice Mises, porque se convierten en automáticamente efectivos en el tablero y distribuyen conocimiento de una forma maravillosamente hayekiana para coser la división internacional del trabajo dentro de una masa compleja en constante evolución de retroalimentación local ilimitada. Esta red de precios del libre mercado puede luego emplear las leyes económicas de oferta y demanda, basadas en las siempre cambiantes preferencias del consumidor, para asegurar que los recursos escasos se tratan continuamente de la forma en que se desperdician menos, en cada transacción.

En su lugar, establecer toda nuestra estructura de producción de capital de acuerdo con el montaje de acuerdo con los caprichos de burócratas y políticos, basada en los dictados de la planificación central en lugar de en los precios monetarios voluntarios, lleva rápidamente al caos económico. Se convierte en imposible saber qué es lo mejor que podemos hacer con recursos escasos. Así que, cuanto más socialismo obligado tengamos, más caos económico desequilibrado crearemos.

Un gobierno de un estado pequeño puede soportar pequeñas islas de socialismo dentro de una sociedad de libre mercado, porque sus pequeños burócratas pueden emplear los precios generados por el libre mercado exterior para desarrollar planes de acción vagamente racionales. Sin embargo, cuanto mayores se hagan estas islas de caos económico, a medida que se extiende el socialismo, peores se hacen las cosas, como se aprecia en la tambaleante presidente del terrible Gordon Brown.

También podemos ver este efecto general muy claramente en organizaciones como el Servicio Nacional de Salud (NHS, por sus siglas en inglés) y la BBC. El NHS puede existir porque se asienta completamente sobre un hinchado tumor tuberculoso dentro del cuerpo productivo del libre mercado británico (o lo que queda de él).

Sin embargo, el NHS ha sufrido un serio recorte económico que está desangrando la salud del país, particularmente en las áreas de precio de monopolio en que se sitúa, como los escandalosos precios que fija y paga por sus medicinas, sin importar la enorme legión de funcionarios con sueldos excesivos que pueblan sus frondosos centros de dirección.

Por otro lado, la BBC, se sitúa dentro del mundo de los medios privados, distorsionándolo de la misma forma que un agujero negro distorsiona una región local del espacio o un gorila gigantesco distorsiona un área local de la selva. Concede salarios ridículos a “estrellas” sin talento como Graham Norton y a aún más batallones de funcionarios constructores de imperios, todos tranquilamente fijos dentro de los acogedores confines de la gran cantidad de riqueza extraída con amenazas al resto de la población.

Si la BBC se privatizara mañana, es fácil imaginar que sus “estrellas” obtendrían la mitad o incluso menos dinero del que reciben ahora y que al menos la mitad de sus burócratas sería despedidos inmediatamente, recibiendo el resto recortes del 50% del salario, y que esos de miles de millones de libras de sucio lucro de los contribuyentes desaparecerían del tablero. Pero a pesar del evidente despilfarro de la BBC, podría seguir funcionado porque puede usar precios generados inicialmente dentro del resto del mercado de los medios de comunicación. A pesar de su perversa distorsión del mercado, pagando a gente como Jonathan Ross 18 millones de libras durante tres años para realizar un show mediocre copiado a David Letterman.

Fue el temprano descubrimiento de Mises del cálculo económico (de la incapacidad intrínseca del socialismo para calcular), o que finalmente derribó a la Unión Soviética, en lugar de cualquier vaga amenaza militar de Occidente. Podemos decir que hicieron falta 70 años completos para deformar completamente sus alrededores hasta su total estancamiento, pero el imperio comunista, que empezó a partir de una base agraria bastante baja, seguía estando rodeado por un mundo de mercado relativamente libre del que podía extraer información del precios.

Por supuesto, no podía hacerlo tan eficientemente o con la suficiente distribución local, pero un tenía un marco de precios suficiente para arreglárselas, apoyado en la amenaza del Gulag, junto con subvenciones occidentales y la importación constante de ideas tecnológicas occidentales. Sí, la Unión Soviética puede haber llenado un tren con madera en Leningrado y enviarlo a Vladivostok y haber llenado otro tren en Vladivostok con el mismo tipo de madera y enviarlo a Leningrado, encontrándose ambos trenes a medio camino en Omsk en una poderosa celebración del despilfarro socialista, pero al menos los soviéticos sabían a qué precio debía intercambiarse la madera en cada extremo. Esto les permitió aguantar, aunque fuera a un nivel de subsistencia.

Desgraciadamente, la pequeña cantidad de riqueza que generaron de sus enormes recursos naturales luego de desperdició en consumos militares masivos, siendo el único producto que fabricaron con éxito el rifle Kalashnikov.

Así que gracias, socialismo, por ofrecernos una de las mejores máquinas de matar del mundo. ¿Merecía la pena el Gulag para hacerla?

Más allá del imperio soviético, si todo el mundo se hiciera socialista en algún día glorioso del futuro, no habría para organizarse en absoluto precios ajustándose libremente. El caos total resultante nos devolvería rápidamente a un mundo de subsistencia agraria (con una población global mucho menor). La única salida de esta aniquilación y cleptocracia sería la reinvención del libre mercado, un concepto maravillosamente expuesto en una novela futurista del periodista y economista austriaco Henry Hazlitt, Time Will Run Back.

El segundo error de nuestra frase original es que la naturaleza humana sea perversa, egoísta y horrible. Ignoraré por el momento la idea de que el socialismo en sí mismo se basa directamente en la envidia, el impulso humano más destructivo de todos. Responderé en cambio a este segundo error con la idea de que la evolución nos dio nuestra naturaleza humana por una razón. Es esa naturaleza que nos mostraba luchando y escarbando en los detritus en la era de los dinosaurios, durante cincuenta millones de años en los árboles buscando y consumiendo fruta y luego en las llanuras de África, después de varios millones de años, hasta una era de relativa abundancia en la época moderna.

Sin este increíblemente complejo éxito evolucionista l naturaleza humana seguiría estando en el suelo junto a los dinosaurios, mientras que alguna otra criatura (tal vez un descendiente terrestre de los delfines, un grajo de plumas gigantes o algún tipo de gato bípedo bien vestido) dominaría la tierra, en nuestro lugar, tal vez con un comportamiento natural completamente similar al nuestro de todos modos.

Somos como somos por una razón. La razón es la supervivencia continua en un mundo de recursos escasos.

Tratar de luchar con cuatro mil millones de años de evolución con una ingeniería social malamente concebida de una banda irritada y envidiosa (quizá mejor simbolizada aplastada cara de desagrado de John Prescott) puede haber sido un poco ambicioso, tal vez incluso vano, aunque seré generoso y me limitaré a decir que era imprudente.

Sea cual sea el caso, tendríamos que embarcarnos en alguna eugenesia seria para hacernos cambiar. Somos máquinas biológicas de supervivencia procreativa viviendo en un mundo de recursos escasos no transformados. Necesitamos encontrar y transformar esos recursos y necesitamos consumir recursos complejos de alta energía diariamente para sobrevivir.

Así que lo que hacemos ahora con miles de millones de personas trabajando juntas en relativa armonía debido a la extensión de la división internacional del trabajo, coordinada dentro de un marco hayekiano de conocimiento distribuido y sistemas de precios ordenados espontáneamente, es simplemente un milagro de la evolución y la inteligencia. Deberíamos por tanto celebrar nuestra naturaleza humana y la inteligencia con que no ha provisto, en lugar de protestar por ella como hacen los socialistas, normalmente en los tonos falsos ofrecidos por la envidia, la avaricia y la arrogancia de esta naturaleza humana que se lamenta de sí misma.

El tercer error es que nadie ha sabido aún cómo hacer realidad el socialismo. La terrible suposición detrás de éste es que seguirán intentándolo a la manera de Roberto I de Escocia hasta que lo hagan funcionar, sin que importen las consecuencias destructivas de esta imposible obsesión.

Este continuo fracaso del socialismo, desde el compasivamente asesinado Pol Pot al afortunadamente desaparecido Gordon Brown, aparece porque es imposible hacer que funcione el socialismo involuntario. Esto es principalmente por el problema del cálculo económico, pero también parcialmente porque la esencia del socialismo reside en la base odiosamente destructiva de la enviada, que prefiere la autoinmolación y la agresión partidista a la terrible visión potencial de que alguien triunfe en la vida (como se aprecia más claramente en el síndrome de la amapola alta y es descrito tan bellamente en el libro de Erik von Kuehnelt-Leddihn, The Menace of the Herd).

En resumen, el socialismo ha sido y será siempre un completo desastre en cualquier momento en que se intente fuera de una pequeña comuna voluntaria, que debe existir ella misma dentro de una matriz de libre mercado si también quiere existir por encima de un nivel agrario de subsistencia.

Incluso los pequeños grupos socialistas voluntarios de la familia y el monasterio necesitan los precios para transmitir información económica a gente distante y desconocida, además de una participación voluntaria. De otra forma, desperdiciarán rápidamente cada vez más recursos de fuerza para hacer que la gente cumpla con los caprichos y deseos de los tiranos omniscientes y omnipotentes que se nombran a sí mismos como semidioses que toman decisiones en el centro del grupo.

Sin embargo, los tiranos económicos acaban cayendo, normalmente acabando con el dinero de los demás o derrotados en las guerras que provocan. Pero deberíamos tratar de evitar en primer lugar que esa gente se haga con nuestras vidas, en lugar de tener que volver a aprender la lección, cada generación durante los pasados 150 años, de que socialismo es sinónimo de fracaso.

Incluso dentro de los confines de la familia feliz o de los hábitos regulares del monasterio amante de Dios, una vez que se supera el tamaño de la tribu típica de la edad de Piedra (unas 250 personas), como ocurrió en las primeras colonias religiosas americanas, los resultados son normalmente el hambre y el mísero fracaso incluso del socialismo voluntario. Una vez que se va más allá de la reciprocidad y el trueque entre gente que se conoce y confía entre sí, necesitamos los precios para coordinar dichos subsistemas con el mundo desconocido más allá del horizonte de la colonia. Una vez que dejamos de ser capaces de mirar a alguien físicamente a los ojos y una vez que no tenemos ningún amor voluntario incondicional hacia ellos, hemos llegado a los límites exteriores del socialismo voluntario.

Añadamos a la mezcla la imposibilidad de escapar a cualquier nivel, incluso dentro de una comuna pequeña, y todo se derrumba de inmediato sin la imposición de amenazas de violencia, campos de minas y ejecuciones ocasionales pour encourager les autres. Esta actitud violenta acaba así estrangulando a la sociedad hasta que todo degenera y luego se evapora ante los mimados ojos de la élite de lo controladores, como lo hará en Corea del Norte y ya lo ha hecho en Alemania del Este.

El socialismo impuesto siempre lleva inmediatamente a miríadas de personas a tratar de escapar de él, a algunas de las cuales se las dispara matándoles por atreverse a intentarlo por quienes ostensiblemente están intentando traerles el amor fraternal mediante balas explosivas. ¡Menudo amor!

En el más suave Occidente, donde a los socialistas les faltaba el coraje para matar a la gente que se atreviera a huir, se impusieron controles de capitales en lugar de una especie educación política de la muerte. Por tanto, en Gran Bretaña podíamos huir a Australia con lo puesto si Australia te dejaba, lo que supongo que es mejor que no poder irse en ningún caso. Gracias a dios, estas restricciones vitales de controles de capital se eliminaron posteriormente por gente como Margaret Thatcher, aunque sin duda las veremos reaparecer una vez que la segunda parte de las grandes recesiones keynesianas empiece realmente a renovar su arreón inicial cuando el primer ataque de facilidades cuantitativas se desvanezca completamente.

¿Quién podía haber previsto todo este mal socialista en el siglo XIX, cuando el socialismo aún era suficientemente joven como para despacharlo como una tétrica fantasía infantil? Si se hubiera estrangulado al monstruo al nacer, ojalá, tal vez hubiéramos evitado todos los horrores socialistas del siglo XX, incluyendo las muertes de tal vez cientos de millones de personas, todas sacrificadas en el altar teñido de sangre de la tumba de Marx en Highgate.

En el último siglo hemos sido testigos de los campos de concentración nacionalsocialistas, los campos de trabajo del Gulag de la Internacional Socialista y los campos de la muerte en Camboya, así que tenemos pocas excusas para seguir excusando al socialismo. También tenemos una biblioteca a la que acudir para protegernos intelectualmente, empezando por El socialismo de Mises.

También por suerte para nosotros, cuando existía la Rusia de Lenin, Ayn Rand pudo escribir la seminal Himno, para advertirnos sobre su dirección. Cuando el nacionalsocialismo de Hitler tomó el poder, F.A. Hayek pudo prever nuestro potencial Apocalipsis en Camino de servidumbre. Y cuando existía la Gran Bretaña de la posguerra de Atlee, George Orwell pudo escribir la distópica 1984 para predecir su resultado final cuando los hombres del ministerio realmente tomaran el poder de nuestra nación.

Sí, cada nueva generación sigue pareciendo abrazar el socialismo con fervor, especialmente en su juventud. Pero cuando conocen la sangrienta historia del siglo XX y luego leen los libros anteriores, mucha gente repudia esta rebelde angustia juvenil y vuelve a la luz de la libertad. Mucha gente afortunada ni siquiera llega a seguir el camino del socialismo, especialmente si leen esos libros lo suficientemente pronto.

Aún así, ¿eran tan imposibles de predecir los horrores mundanos del socialismo? ¿Por qué cada proyecto socialista empieza siempre con tan aparente idealismo y en un amanecer agradable y confiado y siempre termina rodeándose de un muro con armas apuntando al interior hacia una hirviente población aprisionada?

Lord Acton pensaba que este constante fracaso era un caso de verdadero idealismo corrompido por el poder logrado. Hayek pensaba que era la mala gente de la sociedad que se asociaba a los verdaderos idealistas cuando alcanzaban el poder y luego los trastornaban.

Sin embargo, un hombre anterior tenía una idea distinta. Como miembro de Parlamento Imperial Alemán por Hagen en el Reichsatg del siglo XIX, Eugen Richter conoció de cerca y personalmente a los primeros socialistas y socios de Karl Marx. Para él, no había verdaderos idealistas que luego fueran trastornados por el poder o la mala gente. Para Richter, todos los socialistas que conoció en Berlín eran mala gente desde el principio y el manto de verdaderos idealistas que todos llevaban era simplemente una capa diseñada para esconder su maldad interior ante una inspección más cercana.

El socialismo empezó mal, dice Richter, con mala gente que se volvió peor a medida que se multiplicaban sus poderes.

Lo terrible es que l presciencia de Richter no pudo divulgarse mucho más allá del mundo germanoparlante. Sus predicciones y análisis de en qué se convertiría una sociedad socialista si se le dejaba desarrollarse eran tan asombrosamente precisas que nos da la impresión de que escribe desde el ventajoso punto de vista de la década de 1960, después de la construcción del Muro de Berlín, en lugar de en 1891, cuando se publicó por primera vez su libro en ese mismo Berlín.

Por suerte, ahora pueden obtener una nueva edición de este libro traducida al inglés, si no la consiguieron la primera vez: Imágenes del futuro socialista.

[Existe una versión en español en formato HTML, aquí y el traductor puede enviarles una copia en Word si lo solicitan en Mises en español].

(Los anticuados roñosos como yo pueden descargar un pdf, los modernos del móvil pueden descargar la versión en ePub y las antiguallas pueden comprar una edición realmente impresa).

Richter acierta en prácticamente todas sus predicciones principales: el éxodo masivo una vez que se implanta el socialismo, la consiguiente prohibición de la emigración con pena de muerte en caso de transgresión, el racionamiento y el aumento de los poderes del estado policial, la ruptura de la familia mediante la imposición del bienestar, mayores ejércitos regulares, asignación obligatoria de puestos de trabajo, pasaportes internos y todos los habituales desechos miserables de un típico régimen socialista sangriento, que olvada todos los ideales iniciales nunca alcanzados, por supuesto, mientras los peores elementos de la sociedad luchan por ser el Rey de los Escalones de la Prisión para controlar a todos los demás desde lo alto.

Mucho para un Paraíso de los trabajadores en la Tierra.

El propio libro está escrito en forma del diario de un padre, siendo el escritor al principio un entusiasta del nuevo régimen socialista que controla una Alemania de finales del siglo XIX. A medida que se deterioran rápidamente las condiciones, el narrador trata de explicar cada desviación del camino socialista “ideal”, de la misma forma en que el monstruoso Stalin afirmaría posteriormente que necesitaba romper algunos huevos (robados a otra gente) para hacer una tortilla (para sí mismo).

Poco a poco, el narrador ve que algo terrible ha ido mal con respecto al sueño utópico socialista, pero lucha por cuadrar esto con el círculo de sus raíces socialistas, hasta que acaba por romperse en una abierta desilusión.

El libro tiene muchos altibajos, algunos dolorosos, otros agridulces, así que no revelaré demasiado pues realmente necesitan leerlo ustedes mismos.

Sin embargo, voy a seguir una de las muchas tramas que aparecen en el libro, ocupándose de la policía.

En el primer día glorioso de la revolución socialista, en la Alemania de la década de 1890, todo parece ser demasiado maravilloso como para ser verdad: “Después de comer nos fuimos todos a dar una vuelta por unter der Linden. ¡Qué placer! ¡Qué cantidad de gente había allí! ¡Y que alegría sin límites! Nada que echara a perder la armonía de un gran día de celebración. La policía se había disuelto, la gente mantenía el orden de la forma más ejemplar”.

Evidentemente, empezamos a necesitar alguna policía, para controlar a los elementos que el socialismo no había exorcizado inmediatamente:

Puedo mencionar aquí que después del tumulto enfrente del palacio, el Ministro estimó prudente reintroducir un cuerpo de policía, compuesto de cuatro mil agentes y situarlo en parte en el arsenal y en parte en los cuarteles vecinos. Con el fin de evitar toda reminiscencia desagradable, se va a suprimir el uniforme azul y se sustituirá por uno marrón. En lugar de un casco la policía va a usar grandes sombreros Rembrandt con plumas rojas.

Sin embargo, pronto la policía de uniformes marrones necesita más que bellas plumas rojas para controlar a una población ingrata y hostil:

Hubo grandes gritos de indignación desde las galerías, y éstos se extendieron al exterior de la calle. Sin embargo, la policía pronto se las arregló para despejar el espacio alrededor de la Cámara y arrestaron a algunos alborotadores, de los cuales una buena parte eran mujeres. Se decía que bastantes de los que habían votado contra la devolución del dinero a sus propietarios fueron vergonzosamente insultados en las calles. Se indicó a la policía que no tuviera miramientos en el uso de sus nuevas armas, los llamados “asesinos”, armas de diseño inglés recientemente adquiridas.

Qué agradable forma de hablar. Pero la fase de crecimiento de la policía sigue adelante sin remordimientos:

Al entrar en el comedor, un funcionario recorta el cupón de comida de tu talonario de certificados monetarios y te da un número que indica tu turno. Al cabo de un rato, algunos se levantan y se van, y te toca el turno, y tomas tu plato de viandas de las mesas de servicio. Se mantiene el más estricto orden mediante un fuerte cuerpo de policía presente. La policía de hoy –su número aquí ha aumentado a 12.000– se da aires de importancia en los comedores del Estado, pero el hecho es que la multitud es muy grande. Me parece que Berlín demuestra ser a pequeña escala un ejemplo de las vastas empresas del Socialismo.

Pronto, los líderes revolucionarios empiezan a sentir la ira del pueblo y empiezan a usar a la policía como paragolpes entre ellos y los sucios proletarios:

La inauguración del nuevo monumento alegórico conmemorativo de las grandes hazañas de la Comuna de París de 1871, se llevó a cabo ayer en la plaza que antes se conocía como Plaza del Palacio. Desde entonces la plaza se ha visto constantemente abarrotada por multitudes ansiosas por ver este magnífico monumento. Volviendo de un paseo en carruaje, el Canciller tuvo que atravesar la plaza. Casi había llegado a la entrada del Tesoro cuando, desde las cercanías del Arsenal, arreciaron de golpe silbidos, gritos y un tumulto general. Es muy probable que la policía montada (que se acaba de reinstaurar) haya mostrado excesivo celo en facilitar el paso al carruaje del Canciller. El tumulto se incrementó en furia y hubo gritos: “¡Abajo el aristócrata, abajo el orgulloso advenedizo, echemos el carruaje al canal!”. Evidentemente, la gente se sentía muy irritada frente al ahora raro espectáculo de un carruaje privado.

Luego Herr Richter anticipa la severidad de la policía de fronteras en el muro de Berlín de la década de 1960:

Llegan constantemente informes de todas partes del país, detallando violentos enfrentamientos entre los civiles y las tropas enviadas para establecer el Socialismo. El Gobierno ni siquiera puede sentirse demasiado seguro de las tropas. Esta es la razón por la que Berlín, a pesar del gran aumento del ejército, no ha recibido ninguna guarnición. Pero, por otro lado, nuestras fuerzas policiales, que se nutren de socialistas de plena confianza en todo el país, se han incrementado en 30.000 hombres. Además de la policía montada, las fuerzas de policía se han reforzado añadiéndole artillería y exploradores.

En este punto de la historia, el narrador empieza de dudar de las glorias del socialismo, especialmente cuando la policía muta completamente en policía de fronteras de Berlín Este en la década de 1960:

Canciller—“Apenas necesito recordar al Miembro de Hagen que para establecer el Socialismo en el país, me he visto en la necesidad de incrementar las fuerzas de policía en más de diez veces. Además de esto, hemos apreciado la oportunidad de doblar los efectivos en la armada y del ejército regular, de forma que estas fuerzas pudieran estar en situación de rendir el apoyo necesario a la policía en su trabajo de mantener el orden y prevenir la emigración, y pudieran asimismo constituir un baluarte contra los peligros del exterior”.

Luego la policía sigue convirtiéndose en herramienta de opresión activa contra los mismos trabajadores a los que se supone que estaba protegiendo:

Las distintas tiendas y lugares en cuestión están fuertemente vigiladas por destacamentos de policía. Por este medio se espera que los huelguistas, en poco tiempo, se sometan rendidos por el hambre, dado que las migajas y peladuras que sus esposas y amigos puedan darles de sus raciones les resultarán de poca ayuda.

Finalmente, la brutal policía ataca abierta y salvajemente a los trabajadores:

Posteriormente nuevos destacamentos de alborotadores intentaban abrir una brecha en los muros del almacén desde el muelle de Heligoland. Mientras tanto, sin embargo, y sin ser notados, se han llevado refuerzos inmediatos de policía a los terrenos del castillo de Bellevue. Estos refuerzos tomaban posesión del puente peatonal, que está prácticamente oculto por el puente del ferrocarril, y desde esa posición abrían fuego contra la masa de personas anónimas del muelle de Heligoland. Pronunciando salvajes gritos de venganza y dejando un gran número de muertos y heridos detrás, la muchedumbre se dispersaba en todas direcciones. Se dice que se ha enviado artillería para cañonear la calle Luneburg desde el otro lado del Spree.

Así se había llegado al completo estado socialista.

En resumen, Imágenes del futuro socialista, de Eugen Richter, es un libro fascinante y si le gustan libros como 1984, entonces le recomiendo vivamente que consiga un ejemplar.

No tengo ni idea de cómo consiguió acertar tanto en su tiempo. Sospecho que usó una máquina del tiempo. A los propios socialistas les gustaría tener esta excusa para refutar la inexorable lógica de Herr Richter respecto de los peligros de su religión.





Andy Duncan trabaja como consultor educativo independiente y profesional en la gestión de proyectos dentro del sector financiero actuarial
Published Tue, Aug 3 2010 10:12 PM by euribe



Top Top
  Profile  WWW 

Fri Aug 06, 2010 7:38 pm

 
Online
Community Manager
User avatar
Joined: Sat Jul 24, 2004 6:24 pm
Posts: 66762
Location: San Isidro

El Mises que nunca conocimos

Por Murray N. Rothbard. (Publicado el 2 de agosto de 2010)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/4518.

[Memoirs • Ludwig von Mises • Mises Institute, 2009 • 146 páginas. Esta crítica apareció originalmente en Libertarian Review, Abril de 1978]



Cuando Ludwig von Mises estaba fuerte como un roble a los setenta, quienes teníamos el privilegio de asistir a su seminario de grado en la Universidad de nueva York solíamos reunirnos con él después de clase para tomar algo en una restaurante local. Una tarde, después de que Mises (como ocurría tan a menudo) nos regalara maravillosas anécdotas de su vida en la vieja Viena, un estudiante le dijo que escribiera su autobiografía para conservar sus impresiones en forma de libro. Fue la única vez en que vi enfadarse a este hombre educado, aunque fuera tan ligeramente. “Por favor, no soy aún tan mayor como para escribir una autobiografía”. Se acabó ese asunto. Nadie tuvo la temeridad de indicar a Mises que, en nuestra cultura actual, mucha gente, sin absolutamente nada que decir, publica sus “autobiografías” apenas superados los veinte años.

Imaginen mi sorpresa y alegría cuando descubrí que Mises, sin que nadie lo supiera, había escrito una autobiografía en 1940, tan pronto como llegó a Estados Unidos y se la había confiado a su fiel esposa Margit. Treinta años después, cuando Margit le sugirió que escribiera una autobiografía, replicó, “Tienes mis dos carpetas escritas a mano. Es todo lo que la gente necesita saber de mí”. Después de que Mises muriera en octubre de 1973, a los 92 años, Margit recordó las carpetas. Como resultado de su diligencia, ahora tenemos publicadas las Memorias de Mises.

Es el tipo de autobiografía que esperaríamos de una persona privada de gran educación y con la reserva del Viejo Mundo: Es una autobiografía intelectual, que explica sus luchas ideológicas y cómo llegó a sus ideas. Aquí no aparece la intimidad del momento, ni hay forraje para voyeurs emocionales.

Y aún así, es una mirada amarga, y es comprensible que lo sea. Estas memorias se escribieron cuando se produjo el naufragio de su entonces brillante carrera en Europa. No era sólo que Mises se viera expulsado de Europa por los nazis y la Segunda Guerra Mundial, arribara a las costas de Estados Unidos y se viera forzado a empezar una nueva carrera a la edad de 59 años. Pues Mises estaba experimentando las amargas consecuencias del estatismo y el colectivismo contra el que había luchado durante décadas en Austria y el resto de Europa. Había luchad gallardamente y virtualmente solo contra el colectivismo y ahora iba a ver a innumerables refugiados socialistas y comunistas, expulsados por otra variante de su propia doctrina estatista, bienvenidos y recogiendo los mayores honores académicos en Estados Unidos, mientras él se veía olvidado y despreciado por la academia estadounidense.

En pasajes particularmente conmovedores, Mises sugiere que el agotamiento de la producción de Carl Menger, el fundador de la economía austriaca; la muerte temprana del gran discípulo de Menger (y profesor de Mises), Eugen von Böhm-Bawerk; así como la muerte del eminente sociólogo Max weber e incluso el suicidio del Archiduque Rodolfo en Mayerling, se debían todos básicamente a la desesperación individual ante en siempre creciente estatismo y el fin del mundo liberal clásico que conocían y amaban.

Pero está claro que Mises no era una persona que desesperara y se rindiera. A pesar de una adversidad mucho más allá de la que sus mentores habían experimentado, el bravo Mises decidió luchar. Como escribe Mises:

El cómo afronta cada uno una catástrofe inevitable es una asunto de temperamento. En el instituto, como era costumbre, elegí como lema un verso de Virgilio: Tu ne cede malis sed contra audentior ito (“No te rindas ante el mal, sino combátelo con mayor fuerza”). Recordé estas palabras durante las horas más oscuras de la guerra. (…) Tampoco ahora perderé el coraje. Quiero hacer todo lo que pueda hacer un economista. No me cansaré de decir lo que sé que es verdad. (p. 55).

Incluso para los misesianos devotos, hay muchas revelaciones fascinantes acerca de la vida y el pensamiento de Mises. Hay episodios devastadores de economistas y sociólogos alemanes, como Werner Sombart. Friedrich von Wieser, cuñado de Böhm-Bawerk (normalmente considerado colíder de la Escuela austriaca de economía), es tratado más amablemente, pero en último término (y yo creo que correctamente) le considera más un walrasiano que un teórico de la escuela austriaca. También es fascinante ver que Mises era tratado casi tan lamentablemente por el mundo académico austriaco como por el estadounidense. El famoso “seminario privado” de Mises, que enseñó a tantos estudiantes y seguidores famosos, resultó ser estrictamente suyo, desconectado de la Universidad de Viena, donde daba otras lecciones. Y Mises nunca recibió una salario de la universidad por sus enseñanzas allí (en la tradición del “profesor privado” en Europa).

Lo que más me sorprende es el alto grado en que Mises se implicó en el mundo de la economía y la política aplicadas. Sabía que el salario de Mises siempre lo pagó la Handelskammer (Cámara de Comercio Austriaca), pero no tenía ni idea de cuánto trabajo práctico había realizado, abarcando sus estudios desde problemas de vivienda a relaciones aduaneras con Hungría y problemas de deuda pública. Particularmente fascinante fue el papel de Mises en política y la influencia que fue capaz de ejercitar con posibilidades abrumadoramente mínimas. Así, casi en solitario, Mises se las arregló para ralentizar y detener la inflación posterior a la Primera Guerra Mundial en Austria, evitando la destrucción desbocada de la divisa que Alemania experimentó en ese mismo momento. Al combatir las políticas de crédito barato, Mises y unos pocos colegas se las arreglaron para retrasar, aunque no detener, la expansión inflacionaria del crédito que llevó al colapso del sistema bancario austriaco y del resto de Europa en 1931.

Pero es especialmente fascinante la historia de la influencia crucial de Mises sobre su amigo y colega de estudios en el seminario de Böhm-Bawerk, el importante marxista austriaco y cabeza del partido socialdemócrata, Otto Bauer. Primero, Böhm-Bawerk se las arregló para convencer a Bauer, al menos en privado, de la insostenibilidad del concepto esencial de Marx de la teoría del valor trabajo. Pero aún más providencial fue que, en el invierno de 1918-19, en los caóticos disturbios tras las Segunda Guerra mundial, cuando Bauer podía fácilmente haber impuesto el bolchevismo en Viena, Mises personalmente le convención, después de numerosas conversaciones, de que el resultado sería el hambre y el colapso a causa del control aliado de los suministros de alimentos. Paradójicamente, Bauer nunca perdonó a Mises por inducirle a traicionar sus principios bolcheviques y nunca volvieron a hablarse.

Los episodios personales y los recuerdos no son en modo alguno el único contenido de las Memorias. También hay breves explicaciones de las principales ideas económicas y metodológicas de Mises, cómo llegó a ellas y cómo se relacionan entre sí.

En general, las Memorias ofrecer un fascinante volumen que acompañar al de su enamorada viuda Margit sobre su vida en común, My Years with Ludwig von Mises. Amigos y estudiantes de Mises conocen ahora más que nunca cosas acerca de la larga y notablemente productiva vida de Mises y las generaciones más jóvenes de economistas y libertarios, que nunca tuvieron el privilegio de conocer a Mises, ahora tienen dos libros para leer y considerar como el mejor sustitutivo posible.

No hay forma más apropiada de acabar esta crítica que rendir tributo a la notable integridad y espíritu luchador de Ludwig von Mises. En las décadas de 1910 y 1920, igual que ahora, había hombres de mente estrecha que criticaban la consistencia y el candor de Mises. ¡Sí hubiera estado dispuesto a ser un poco más flexible en sus principios! Mises se refiere amablemente a esas críticas:

Ha veces se me acusa de presentar mi punto de vista de una forma muy abrupta e intransigente. También se dice que podía haber tenido una mayor disposición al compromiso de la que he mostrado. (…) La crítica no tiene fundamento: sólo podía ser útil su podía presentar las cosas como a mí me parecían. Cuando reparo hoy en mi trabajo en la Handelskammer, lo único que lamento es mi disposición al compromiso y no mi intransigencia. (p. 60).

Sólo un ánimo así podría tener éxito en construir un movimiento doble, austriaco y libertario en su distinguida carrera. Aún más importante, por su gran ánimo y su inquebrantable integridad, el nombre de Mises se verá honrado mientras el hombre aprecie la libertad.





Murray N. Rothbard (1926-1995) fue decano de la Escuela Austriaca. Fue economista, historiador de la economía y filósofo político libertario.

Esta crítica apareció originalmente en Libertarian Review, Abril de 1978, pp. 37-38.
Published Tue, Aug 3 2010 10:10 PM by euribe



Top Top
  Profile  WWW 

Fri Aug 06, 2010 7:37 pm

 
Online
Community Manager
User avatar
Joined: Sat Jul 24, 2004 6:24 pm
Posts: 66762
Location: San Isidro

Una visión diferente del liberalismo clásico

Por Jeffrey A. Tucker. (Publicado el 2 de agosto de 2010)

Traducido del inglés. El artículo original se encuentra aquí: http://mises.org/daily/4608.



Hace cuarenta años, el historiador Ralph Raico completó su tesis bajo la dirección de F.A. Hayek en la Universidad de Chicago. Su título oculta su poder e importancia: The Place of Religion in the Liberal Philosophy of Constant, Tocqueville, and Lord Acton. Ha sido publicada por primera vez por el Instituto Mises y no sólo para honrar a un gran historiador y pensador. La investigación que contiene resulta ser una importante contribución a la vida pública intelectual de los Estados Unidos de su tiempo. El asunto del que se ocupa (la revelación de una forma diferente de liberalismo temprano) tiene también implicaciones es nuestra propia época.

Remontémonos un poco en el tiempo y entendamos las discusiones que bullían en la década de 1960. La Guerra Fría estaba en plena ebullición. El conservadurismo, para el que la había desaparecido la defensa de la libre empresa después de la Segunda Guerra Mundial, ya había sido redefinido (o incluso definido) por medio de National Review para significar el apoyo al estado militar de EEUU en su lucha a vida o muerte con el comunismo extranjero. Aunque los jóvenes de hoy en día no saben prácticamente nada acerca de todo este periodo de la cultura política estadounidense, consumía todo el tiempo de casi todos los que vivieron entre 1955 y 1990.

Como explicó Murray Rothbard en Betrayal of the American Right, los conservadores declaraban estar a favor de la libertad, pero lo que realmente unía a las tropas era el asunto de la guerra contra Rusia y sus estados satélites. Aparecieron bibliotecas enteras de libros pretendiendo exponer la terrible amenaza soviética (fue mucho antes de que se conociera abiertamente la patética pobreza de estos países) y el objetivo de recortar el estado a favor de la libertad se quedó en el asiento trasero mientras los conservadores reunían a las tropas para una escalada nuclear y una acumulación militar aparentemente sin fin.

En ese momento había tres posturas políticas en competencia con la opinión conservadora. Estaban los demócratas belicistas, que constantemente favorecían la escalada militar y el aparato planificador keynesiano con un estado del bienestar en el interior. Estaba por supuesto la posición socialista de izquierdas, a favor de la expansión del estado de bienestar más la nacionalización de la industria, al tiempo que se oponía a la Guerra Fría, aunque era fácil tener la impresión de que este grupo no sólo estaba contra la guerra sino a favor del triunfo soviético. Por esta razón, a este grupo se le tachaba de antiestadounidense.

Para los verdaderos intelectuales, la gente que se oponía coherentemente al estatismo en todas sus formas, estaba el nuevo libertarismo creado por Murray Rothbard. Junto con sus seguidores, se oponía por igual al estado del bienestar de la izquierda como al belicismo de la derecha y defendían en su lugar una recuperación del viejo liberalismo de los jeffersonianos, potenciado enormemente por un riguroso aparato intelectual. Este conjunto resultó ser muy atractivo para el grupo inteligente que rechazaba tanto el nacionalismo ignorante como el belicismo ingenuo.

Este libertarismo probó ser un competidor factible del conservadurismo. En cada generación, los no izquierdistas serios sienten la necesidad de cambiar de bando. ¿Irían en dirección al conservadurismo o adoptarían el libertarismo radical de los rothbardianos y evitarían al estado y sus obras? Muchos estudiantes de entonces, opuestos a la Guerra del Vietnam y preocupados por el crecimiento del Leviatán en todas las áreas de la vida, optaron por el libertarismo.

Ése era el campo de batalla que afrontaba Raico a finales de la década de 1960. La discusión entre conservadores y libertarios era fundamentalmente acerca de la Guerra Civil, pero no era el único objeto de discusión. En cambio, los conservadores llegaron a caracterizar a los libertarios no sólo como equivocados estratégicamente sino como corruptos filosóficamente. ¿Y por qué? Porque habían heredado el secularismo, el anticlericalismo, la inmoralidad esencial y el antinomismo de la vieja escuela liberal de la Ilustración (una palabra que había que decir con aire despectivo).

Veréis, decían los conservadores, los libertarios imaginan un mundo de individualismo autónomo en el que la gente se mueve y hace lo que le da la gana, libre de las trabas de la religión y la moralidad y éste, creen, es el verdadero fin de la existencia. ¡La libertad y nada más es su grito de guerra! Los conservadores intentaban pintar así a los libertarios, con la brocha gorda de la generación hippy marginada, un sector de la Nueva Izquierda que hablaba vagamente de libertad al tiempo que rechazaba toda forma de autoridad social.

¿Era correcta la crítica? ¿Estaban verdaderamente los liberales de los siglos XVIII y XIX presagiando los hippies de la década de 1960 y necesitaban por tanto la fuerza correctora del conservadurismo para añadir la piedad y la apreciación de la tradición a su amor por la libertad?

La pequeña parte de verdad en este caso es que el antiguo partido liberal había aparecido en la edad de la Ilustración, cuando la libertad no sólo era algo que existía en ausencia del arrogante estado: era algo que requería eliminar los grilletes de la tradición, del control eclesiástico, de los límites morales impuestos por supersticiones del pasado.

Hasta cierto punto, esta tendencia en el viejo liberalismo encuentra su justificación en la relación demasiado cercana entre iglesia y estado en los antiguos regímenes de Europa; los liberales creían que debían ser combatidos ambos en nombre de los derechos de los individuos. Pero en otros casos hubo errores genuinos, como pasó con John Stuart Mill, quien por su parte imaginaba que la autoridad social era una amenaza a la libertad tan grande como el propio estado.

Pero esta postura no caracterizaba en modo alguno toda la tradición liberal antigua. Había otra tradición del liberalismo que no era necesariamente antirreligiosa y antitradicional sino más bien enfocaba su crítica de la coacción sólo contra el estado. Después de todo, es sólo el estado, no las instituciones religiosas, el que posee el poder crítico de atacar la vida y la libertad del individuo.

El grado en que la iglesia puede poner impuestos, es sólo a través del poder y autoridad legal sobre los que el estado posee el monopolio. Lo que es más, este otro sector del liberalismo no ve a la libertad como única razón de su existencia, sino más bien como un medio para lograr un fin moral superior.

¿Qué fuentes había disponibles que destacaran esta tradición liberal alternativa? No había muchas en ese momento. Fue en este periodo cuando Ralph Raico empezó a trabajar en su tesis. Dio en la diana con una amplia explicación de tres figuras enormemente importantes en la historia del liberalismo para quienes era central en su pensamiento una orientación religiosa y un marco moral superior: el protestante francés Benjamin Constant (1767-1830), el católico francés Alexis de Tocqueville (1805-1859) y Lord Acton (1834-1902).

Los tres se distinguieron por:

1. un antiestatismo constante,
2. un aprecio por la modernidad y el comercio,
3. su amor a la libertad y su identificación con los derechos humanos,
4. una convicción a favor de instituciones sociales como iglesias y normas culturales y
5. una creencia en que la libertad no es un fin moral en sí mismo, sino más bien un medio hacia un fin superior.

Más aún, estos pensadores son gente a la que los conservadores han tendido a reverenciar, aunque fuera tras su muerte, pero ¿han estudiado realmente su pensamiento para ver su radicalismo, su profundo amor a la libertad y su verdadero apego a la causa del antiguo liberalismo?

Raico ofrece una lectura pormenorizada de su obra en todos estos aspectos y demuestra que no necesita abrazarse el estatismo y que se puede ser un liberal consistente y completo en la tradición clásica y no ajustarse ni aproximadamente al estereotipo que los conservadores estaban creando entonces sobre los libertarios. La nuestra es una variada tradición de secularistas, sí, pero también de pensadores profundamente piadosos. Lo que les unía era una convicción de que la libertad es la madre y no la hija del orden.

Cuarenta años después, sorprende lo conmovedor que sigue siendo el tratado de Raico. Y es un hecho: los conservadores que estaban entonces atacando a los libertarios nunca leyeron este libro. Acaba de publicarse. Es lo que pasa con grandes libros, estudios clásicos como éste: sigue siendo tan poderoso y relevante hoy como siempre.





Jeffrey Tucker es editor de Mises.org y autor de Bourbon for Breakfast: Living Outside the Statist Quo.


Published Tue, Aug 3 2010 6:31 PM by euribe



Top Top
  Profile  WWW 
Display posts from previous:  Sort by  
 [ 175 posts ] 

All times are UTC - 3 hours


Who is online

Users browsing this forum: No registered users and 60 guests


You cannot post new topics in this forum
You cannot reply to topics in this forum
You cannot edit your posts in this forum
You cannot delete your posts in this forum

Search for:

Powered by phpBB
www.facebook.com/bolserosbolseros_combolseros@linkedInRSSadministracion@bolseros.comwalkodesign