Vinos | Miercoles 21 de Julio de 2010
Vinos argentinos exóticos y súper exclusivos: cuáles son y qué bodegas se destacan Detrás del auge del Malbec y de los grandes volúmenes que se producen y exportan, hay un selecto grupo de vinos poco conocidos y hasta ahora reservados, principalmente, para los paladares más entrenados. Ancellotta, Caladoc y Verdelho, apenas la punta de un iceberg cargado de novedades por descubrir
La concentración que hay en el negocio del vino en la Argentina al hablar de variedades, según Javier Merino, gerente de la consultora Area del Vino, “es brutal”.
No es para menos: según el experto, el 70% de lo que exporta la Argentina está en manos de apenas 10 varietales. El 30% restante se reparte, mayormente, entre los blends. De este modo, una pequeñísima porción queda en manos de las cepas menos difundidas.
“En la Argentina, un vino exótico es toda una rareza”, disparó Merino.
En efecto, detrás de la “fiebre” desatada por el Malbec mendocino, el posicionamiento del Cabernet Sauvignon y la personalidad y el reconocimiento del Torrontés -la cepa nacional por excelencia-, hay una amplia gama de variedades que, si bien pesan poco en los grandes números de la industria, le dan un sello de exclusividad que cautiva tanto a expertos como a aquellos que recién se inician en el mundo del vino.
¿Por qué apostar por lo exótico? Según Merino, “los bodegueros que elaboran estos vinos son los apasionados por la investigación y apuntan a este nicho más por una cuestión de gustos que por el negocio en sí”.
“En el mundo vitivinícola las variedades que mandan a nivel global son diez, no más que eso. Por lo tanto, esta tendencia de las variedades exóticas la podemos ver como un juego de seducción de las bodegas hacia sus seguidores”, destacó Merino.
Para el experto, “las bodegas argentinas están haciendo cada vez más experimentos, pero que estos vinos salten a la comercialización masiva es un proceso difícil”.
Al respecto, Merino recalcó que no todos los jugadores están en condiciones de ofrecer este tipo de productos al mercado: “Este nicho tiene algunas características similares a las de los ícono y es que no los puede elaborar y vender cualquier bodega. Lo exótico no es para jugadores desconocidos o sin trayectoria en la industria, tienen que tener sustento en la marca”.
Lo más exótico y exclusivo
A la hora de analizar las variedades más desconocidas en la Argentina, una de las bodegas que picó en punta fue Viña Alicia, regenteada por Rodrigo Arizu, un apellido de alta alcurnia en el negocio vitivinícola.
En efecto, Rodrigo forma parte de una de las familias más tradicionales de esta industria en la Argentina. Es hijo del destacado winemaker Alberto Arizu, quien supo posicionar a la tradicional bodega Luigi Bosca entre las marcas más reconocidas y prestigiosas del país.
La bodega Viña Alicia, ubicada en Luján de Cuyo, Mendoza, apunta a alumbrar vinos de colección y, según cuenta el propio director, comenzó siendo "un capricho" de su padre.
"Nuestra familia apuntó a hacer vinos particulares. Mi padre siempre quiso innovar en el negocio. De hecho, Viña Alicia nace de unos experimentos hace 25 años cuando, a la par de su actividad en Luigi Bosca, trabajaba con microvinificaciones con diversas variedades. Era su capricho", explicó.
“Desde siempre, la idea que tuvimos fue trabajar el Malbec, que todavía es una variedad que tiene mucho para ofrecer. Pero a la vez nuestro plan siempre fue hacer otro tipo de vinos, exóticos, únicos, para tratar de separarnos de la tradicionalidad vínica de la Argentina”, sostuvo Rodrigo Arizu.
Una de las "rarezas" de esta bodega es un Nebbiolo, un tinto que está elaborado a partir de tres clones diferentes traídos de distintas áreas del Piamonte italiano.
La producción de esta variedad es súper exclusiva: apenas ven la luz unas 3.000 botellas anuales. Además, Arizu asegura que son uno de los pocos en todo el mundo, fuera de Italia, en trabajar esta uva como varietal y que cuentan con numerosas distinciones, como el reconocimiento del “gurú” Robert Parker, quien lo eligió como el mejor Nebbiolo del planeta en su categoría.
Ahora, ¿qué características tiene este vino? Según Arizu, la variedad argentina es completamente diferente a la que se elabora en su Italia natal.
“Por el clima, en Europa se cosechan las uvas verdes, tienen más acidez y necesitan más tiempo en barrica para redondearlos. En cambio, gracias a nuestro clima, logramos cosecharlas con una madurez increíble”, se entusiasmó el bodeguero.
Arizu agregó que se trata de un vino de color oscuro, bien corpulento, muy tánico, con notas de fruta madura, como frambuesas, además de rosas. Destacó que es ideal para guardarlo hasta 10 años para que evolucione.
Si bien algunas botellas quedan en el país, el empresario sostuvo que “es el vino que menos vendemos en la Argentina”. Al momento de buscar las causas, sostuvo que “muy poca gente tiene conocimiento de esta variedad y si lo conoce, es porque seguro probó el italiano, y no el nacional, que es mucho más sofisticado gracias a que tenemos un terroir diferente”.
La bodega también produce el Tiara, un blend elaborado a partir de Albariño, Riesling y Savagnin. Se trata de una partida que, anualmente, alcanza las 2.000 botellas.
“Somos los únicos que producimos y comercializamos vinos con esta última variedad”, destacó Arizu, quien explicó que “tenemos porciones muy pequeñas de nuestros viñedos destinados a estas uvas y, como no es fácil hacer vinos blancos en Mendoza, por el clima, nos demoramos muchos años en lograr la calidad que buscábamos”.

Verdelho: el secreto mejor guardado
Otra de las bodegas que intenta marcar diferencias con este tipo de “experimentos” es Don Cristóbal, el emprendimiento de Eduardo Lapania en la provincia de Mendoza, que tiene en el mercado, desde hace varios años, el Verdelho, un vino blanco elaborado a partir de uvas originarias de Portugal.
En diálogo con este medio, Juan Bruzzone, enólogo de la bodega, sostuvo que “hace una década compramos una vieja propiedad en la que se encontraba este varietal. Los dueños anteriores lo usaban para mezclar con Chardonnay y hacían blanco base para vermouth. Fuimos nosotros los que vimos su potencial y comenzamos a trabajarlo como varietal único”.
Según el enólogo, “prácticamente nadie lo conocía en el país, pero la gente hoy se está animando, lo prueba con inquietud y en general siempre gusta. Se trata de un blanco fresco, aromático. El descriptor ideal es ´ensalada de frutas´, porque va cambiando continuamente. Es ideal para acompañar sushi”.
El 95% de las 130.000 botellas que se producen de este Verdelho se destinan a los mercados externos. Dado el éxito de esta propuesta, la bodega para este 2010 estudia elaborar un 15% más que el año pasado.

De cara al futuro, desde Don Cristóbal anticiparon que “ahora estamos trabajando con una variedad bastante desconocida, la Lambrusco Grasparossa, un vino de origen italiano similar al Bonarda, tánico, puro, de buen color, mucho potencial de guarda. Pero recién estamos en la etapa de testeos”.
Familia Zuccardi, a la vanguardia
A la hora de hablar de vinos exóticos en la Argentina, es imposible no hacer mención a la bodega que dirige José “Pepe” Zuccardi.
La compañía tiene en el mercado un amplio abanico de variedades que sorprenden a los paladares desprevenidos.
¿Qué los impulsó a ser pioneros en este segmento?, quiso saber Vinos & Bodegas iProfesional.com. Desde la bodega destacaron que “desde nuestros inicios y a lo largo de toda nuestra evolución como empresa, estuvimos focalizados sobre cuatro objetivos: elaborar vinos de la más alta calidad, mantener una constante capacidad de innovación, trabajar en total armonía con el medio ambiente y ser útiles a la comunidad dentro de la cual nos desarrollamos”.
En este contexto, “a partir de la concreción del Proyecto Q, en el año 2000 iniciamos una senda que no se ha detenido: la permanente introducción de variedades de uva no tradicionales en la Argentina. Además, de nuestra historia con el Tempranillo, hemos sido pioneros en introducir vinos varietales con cepajes como Bonarda, Viognier, Caladoc, Ancellotta y Marselán. Actualmente, somos la única empresa de este tipo en Argentina en contar con una bodega experimental en la que se desarrollan 35 nuevas variedades de vinos. Más de 30 hectáreas de nuestras fincas las tenemos plantadas con variedades experimentales”, destacaron.
“También –mediante la creación de nuevos productos- nos distinguimos por haber creado nuevas situaciones de consumo, habiendo logrado esto con el desarrollo del primer vino tardío de Argentina, el Santa Julia Tardío, y el primer vino Malbec fortificado del país, bajo la marca Malamado”, destacaron.
A la hora de hablar de las cualidades que debe tener un vino “experimental” para llegar al mercado, desde Zuccardi aseguraron que “lo fundamental es que debe demostrar un nivel parejo de calidad a lo largo del tiempo. Ese nivel depende sobre todo de un trabajo minucioso de investigación y pruebas en el viñedo. Tengamos en cuenta que estamos hablando de plantas que traemos de sus regiones de origen en Europa, y que sobre la práctica vamos viendo cómo se adaptan al suelo mendocino”.
Los expertos recalcaron que “los enólogos son los encargados de establecer cuáles son las variedades que ganan en complejidad y elegancia con el paso por barricas de roble, en qué proporción conviene hacerlo y cuáles son aquellas variedades que por sus características frutales no es conveniente que tengan paso por madera”.
“En promedio son períodos no inferiores a los cinco años. Con algunas variedades hemos llegado a experimentar durante siete u ocho años. Es un proceso de prueba y error permanente, que exige contar con un equipo de agrónomos y enólogos de excelencia, altamente capacitados y con un claro compromiso en pos de la innovación”, destacaron.

La línea de vinos exóticos de Zuccardi se denomina Textual. Está conformada por cinco varietales: Marselán, Caladoc, Ancellotta, Carmenere y Tannat. En todos los casos se trata de partidas súper limitadas, de no más de 5.000 botellas por variedad. En el mercado argentino, los vinos tienen un precio de venta al público de $52 pero también se exportan a países como Canadá, Inglaterra, Estados Unidos, Suecia y a varios mercados de América Latina, como Brasil, Colombia, México y Perú, entre otros.
Las características más destacables de estos vinos son:
* Ancellotta. Es una variedad que introdujeron diez años atrás. Fue lanzada en el 2005, luego de testear su evolución en roble, donde notaron que era una variedad que ganaba muchísimo en complejidad. Se trata de un vino que se adapta muy bien al paladar argentino, ya que tiene mucho cuerpo, es potente en boca y acompaña muy bien a platos típicos de la gastronomía, sobre todo aquellos basados en carnes rojas asadas, carnes de caza, pastas con salsas fuertes y quesos duros.
* Caladoc. Es una variedad originaria de Francia, resultado del cruzamiento genético entre el Malbec y Grenache negra. Las diferencias entre este vino y los Malbec clásicos son sutiles. Un Malbec con el mismo tiempo de paso por roble se torna un poco más concentrado que el Caladoc. La clave está en la Grenache negra, que aporta notas vegetales y de frutas secas.
* Marselán. Es una cepa originaria de Francia y es el resultado del cruzamiento genético entre las variedades Cabernet Sauvignon y Grenache Noir, con una excelente y rápida adaptación a los suelos mendocinos. Da como resultado vinos muy amables, con un bouquet de aromas frutales, con notas de bayas rojas y negras maduras, como moras, ciruelas, guindas y frambuesas, con algunos aromas florales como salvia y lavanda. En boca, su entrada aporta una sensación dulce, con taninos blandos y sabores elegantes. Al igual que el Ancellotta, se adapta muy bien a platos de la gastronomía argentina, básicamente aquellos basados en carnes rojas y blancas, asadas o guisadas, quesos de cuerpo medio y pastas.
En Zuccardi apuestan a ampliar el abanico de vinos exóticos. De hecho, los enólogos de la bodega se encuentran estudiando el potencial de calidad de variedades absolutamente desconocidas para el consumidor argentino, tales como Bourboulenc, Fiano, Touriga Nacional, Agliánico, Greco, Barbera, Arinarnoa, Mourvedre, Ekigaina, Malvasia Nera, Nero Amaro y Nero Dávola, entre otras.
El Tocai, una delicia italiana
Por último, otro de los jugadores que viene experimentando con vinos poco conocidos para el paladar argentino es Alfredo Roca, la tradicional bodega de San Rafael. Su nave insignia es un blanco: el Tocai, elaborado a partir de una uva originaria de la zona del Fruili, al norte de Italia, del cual producen apenas 8.000 botellas por añada.
“Podemos decir que somos pioneros por un tema de tradición de familia italiana. Los viñedos de Tocai que tenemos en San Rafael son de más de 40 años y, en la Argentina, apenas otras cuatro bodegas lo producen como varietal 100%”, destacaron.
A diferencia de lo que ocurre con el resto de los establecimientos, desde Alfredo Roca aseguraron que “se vende principalmente en el mercado interno. Al ser una variedad exótica que elaboramos hace muchos años tiene su demanda creada, tenemos una gran cantidad de fanáticos que lo buscan y compran. Queda poco saldo para exportación”.

El Alfredo Roca Tocai presenta un color amarillo pálido de baja intensidad, con tonos verdosos acerados. Sus aromas recuerdan a flores blancas, cítricos, manzana verde y frutas tropicales. En boca se presenta muy delicado, es seco, de cuerpo medio, con una acidez refrescante y un final frutado muy agradable.
Es ideal para acompañar mariscos, como por ejemplo almejas, langostinos, ostras, calamaretis, camarones. También con pescados de bajo tenor graso y, obviamente, se luce con el sushi.
El potencial del segmento en la Argentina
Desde Zuccardi aseguran que los consumidores locales cada vez se animan más a probar nuevas variedades y les gusta tener un espíritu “descubridor”.
Paralelamente, destacan que en el mercado externo, “la Argentina tiene una gran oportunidad por delante que es mostrarse como una tierra de diversidad. El Malbec ha sido muy útil como una variedad de bandera, fundamental para instalarnos en el gran mercado internacional. Ahora tenemos la posibilidad de demostrar que somos Malbec y algo más, y ese ´algo más´ debe venir de la mano del concepto de diversidad varietal”.
Juan Diego Wasilevsky
(c) iProfesional.com